domingo, 3 de julio de 2011

Capítulo 2: Un trabajo Nuevo para Thea III

Charlotte, por su parte, daba manotazos dentro de la alacena de la cocina, hasta que encontró el frasco con los calmantes. Se llevó dos pastillas a la boca y se tomó el café (helado) que le quedaba. Le temblaba el pulso.

-Prefiero morir, antes de verte pasar por lo mismo que yo.-murmuró con los ojos enrojecidos.

Thea se tranquilizó progresivamente hasta quedarse dormida. A eso de las dos de la madrugada, se despertó. Tenía hambre y se había perdido la cena. Se levantó y fue a la cocina, sigilosamente, a buscarse algo para comer. Improviso algo sencillo con lo que encontró y se sentó a la mesa.

Su mente ya no vagaba en torno a sus desconocidos hermanos. Prefería no reflexionar más sobre ellos, puesto que sabía que se enfurecería otra vez. Le sorprendió la acalorada discusión que había tenido con su madre. Nunca perdía los estribos de esa manera, ni le hablaba así a su madre. Apartó esos pensamientos, para que no le quitaran el apetito.

En cambio, optó por evocar al hombre misterioso que había encontrado en la Feria.

-Stephen…-susurró, deleitándose con el sonido de su nombre.

Suspiró. Verlo en vivo y en directo era aún mejor que soñarlo. Se imaginó en una acogedora casita, viviendo con él. Divagó en torno a la idea con deleite. ¿Cuánto costaría? Tenía un porte importante, así que sin duda sería caro. Además, tenía una belleza clásica que nunca pasaba de moda. Hombres así, siempre son muy solicitados, más allá de las tendencias.

Thea estaba segura de que era mayor que ella, unos tres o cuatro años, por lo menos. Se rió. Un matrimonio así sería aún más raro que el de la joven Portia. No conocía a ninguno en el cual el hombre fuese más viejo que la mujer. Y, además, un hombre que había tenido el descaro de reírse de ella. En ese mundo, era considerado una grave falta de respeto que un hombre se divirtiera a expensas de una mujer.

A Thea no le había molestado, sin embargo. Era plenamente consciente de que había quedado como una tonta o una loca por haber actuado de esa forma tan extraña.

-Sólo me faltó decir: “No te atrevas a venderte, eres mío”- pensó, sonriendo.

Habría reído con ganas, de no ser que no quería despertar a su madre. Limpio los restos de su “cena” con el mayor sigilo posible y volvió a la cama.

A la mañana siguiente, mientras esperaba que se hiciera el café, llamó a Aria.

-Verás- le dijo Aria, luego de unos minutos- hace un par de semanas tuve que despedir a mi secretaria. Luego de lo de ayer, se me ha ocurrido pedirte a ti que la reemplaces. ¿Qué te parece?

Thea casi se cayó de la silla.

-¿Hablas en serio?

-Sí, hija. Si no quieres, lo entenderé…

-¿Cómo negarme?

Era la oportunidad que estaba esperando hacía meses. La secretaria de la directora de la Escuela de Hombres ganaba el triple de su sueldo. Su sueño de libertad parecía mucho más cercano a cumplirse.

-De acuerdo, ven hoy, después del trabajo. Yo hablaré con tu jefa, descuida.

Se quedó tan ensimismada luego de colgar, que se le quemó el café. Se lo tomó sin notar la diferencia.

Capítulo 2: Un trabajo Nuevo para Thea II

Thea la miró con gesto interrogante. La alentó a seguir.

-Orpheo y Diógenes-al ver que Thea estaba desconcertada, agregó- Siempre me ha gustado la literatura griega, Galathea.

Thea se quedó sin habla. Dos hermanos de los que nunca había tenido noticias. No le asombraban los nombres extravagantes. Eso era nada al lado de lo otro.

-¿Cuántos..? ¿Cuántos…?-balbuceó-¿Cuántos años tienen?

-Orpheo tendrá unos 24 y Diógenes, 22, supongo-su tono connotaba una indeferencia que asqueó a Thea.

-Dios mío- susurró.

¿Y si ellos estaban en venta? ¿Es posible que los hubiera visto, ignorando el estrecho lazo que los unía? Se le heló la sangre con tal pensamiento.

-No sabes nada de ellos, ¿verdad?- quiso saber.

-No me crucé jamás con ellos, luego de que los entregué. Supongo que no se habrán casado aún, a menos que se hayan desarrollado bien- hizo un gesto elocuente.- Pero si salieron a tu padre, dudo que sean algo excepcional. Yo creo que terminarán en el…

-No lo nombres- la frenó Thea, con la mirada encendida.

Charlotte se encogió de hombros.

-Mira, hija, por más que quisiera, no tengo forma de saber algo sobre ellos. Está prohibido, ¿no lo sabías?

-Tampoco parece importarte mucho- dijo Thea, levantando una ceja.

-No, para que voy a mentirte.- concluyó.

Su hija se la quedó mirando con el entrecejo fruncido, mientras montones de pensamientos le bullían en la mente. Un momento después, cuando su madre se cansó de mirarla a los ojos sin que ella emitiera sonido alguno y se volteó para seguir con sus tareas, Thea siguió:

-Tengo dos hermanos y ni siquiera lo sabía…-su rostro volvía a reflejar ira.-¿Te das cuenta? ¡Podría haberme casado con uno de ellos sin saberlo! ¿Tienes idea de lo que le sucede a un niño si sus padres son hermanos? ¡Todo esto es una aberración!

Thea respiraba en forma entrecortada y tenía el rostro colorado por la furia. Había levantado tanto la voz que le dolía la garganta.

- Es imposible que te cases con uno de ellos- le respondió su madre con calma y en voz baja.

-¿Por qué me lo has ocultado?- le espetó.

-Por tu propio bien, claro está- le explicó, cruzándose de brazos.

-¿Qué beneficio saldría de eso?- Thea creía que en cualquier momento explotaba.

-¿De qué te sirve saber que tienes hermanos, si, de todos modos, no los verás en toda tu vida?- continuó- ¿Para qué hacerte sufrir con una despedida? Te lo quise ahorrar. Si hubieras estado con ellos desde pequeña habrías querido irte con ellos y habrías llorado durante días. No soporto verte llorar, me parte al medio.

-Porque son parte de mi familia, ¡de mi misma sangre! ¡¿Qué tienes en esa maldita cabeza?!

-No me hables en ese tono, Galathea- le ordenó con una frialdad inusual en ella.

-Si no te hubiera preguntado, jamás me lo hubieras contado. Y si no me lo decías, ¿cómo iba a enterarme? ¡Quizás dentro de unos años me habría casado con mi propio hermano!- repitió

-Ya te dije, es imposible que suceda- negó con convicción.

-¿Y qué sabes tú?- replicó con desdén.

-Porque son mayores que tú. Para cuando puedas permitirte un esposo (si es que algún día puedes, claro), ellos ya estarán casados con otra o pudriéndose en el Basurero. Y tranquilízate, porque- levantó un dedo amenazador y alzó la voz.- nunca te casarás.

-¡¿Y quién te crees que eres para decidirlo?!- exclamó con los brazos en jarras.

-Tu madre, por el amor de Dios- respondió indignada, poniendo sus manos en su cintura.

-Ya soy mayor de edad, no tienes poder sobre mí- le contestó.

-Mientras vivas bajo mi techo…-empezó a decirle.

-En cuanto tenga el dinero, te lo aseguro, me iré. Lo sabes perfectamente.

Y salió de la cocina, dando un portazo. Caminaba a grandes zancadas. Subió las escaleras y exclamó:

-¡Dos!

Y se encerró en su cuarto.


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Volvi!!!!! :D Ya estoy mucho más libre, asi que me pude sentar a escribir... La musa literaria volvió de sus vacaciones, asi que aca estoy :D

espero que les guste...



Besos!

domingo, 6 de febrero de 2011

Cap 2: Un trabajo nuevo para Thea I

Había vuelto a su casa como flotando en una nube. Estaba feliz, muy feliz. De temas económicos mejor no pensar, se decía a sí misma. Al menos, por el momento.
No quiso darle detalles a Portia aún, a pesar de que la asedió con preguntas durante todo el viaje de vuelta. Sin embargo, no tuvo demasiados problemas para contraatacar. Bastaba con nombrarle a Jean-Luc y Portia se olvidaba automáticamente del incidente de Thea. Se le iluminaba el rostro y hablaba entre suspiros de ensueño cuando evocaba ese "breve" (como le decía ella, a pesar de haber estado hora y media conversando) encuentro con su futuro esposo.
En cuanto se le pasaba la emoción, no obstante, volvía al ataque:
-Pero, Thea... ¿Ni siquiera me dirás su nombre?-la acusaba- vamos, no seas mala...
Y la miraba suplicante. Aparentemente, Thea no era consciente de la impresión que le había causado a su pobre amiga cuando regresó con ella: una sonámbula que gracias que caminaba y no se llevaba puesto nada. Ella no podía comprender la razón por la que su amiga había palidecido de tal manera, como si hubiera visto un fantasma. ¿Qué le había hecho ese desconocido a su, por lo general, correcta amiga? ¿Qué cara habría puesto, que lo hacía parecer a él tan divertido? Era la primera vez que veía a alguien reírse de ella.
-No hace falta que sepas nada, Portia- le dijo, con una sonrisa cansada.
-¿Por qué estás tan misteriosa? Tú no eres así.-le espetó.
-No hay misterio, son imaginaciones tuyas, querida.
-¿Nada? ¿Entonces, por qué tanta vuelta para...
-Se llama Stephen. ¿Contenta?- dijo, luego de suspirar.
-¿Te ha costado mucho trabajo? –le dijo Portia, sonriendo triunfal.
-No es eso... verás, creía que lo conocía, y me sorprendió. Eso es todo.
No era del todo mentira, pero igual se sintió algo culpable. Aún así, sería una locura contarle lo del sueño.
-está bien... –frunció el ceño- No, espera.
-¿Qué?
-¿Dónde lo habías visto antes? Sabes que es imposible...
-Lo sé, lo sé...-la frenó- Te dije que creía conocerlo y por eso me sorprendió. Pero no, sólo era parecido.
-Si hubiera sido el mismo hombre, lo hubieras denunciado, ¿verdad?
-¡Qué pregunta! Por supuesto que sí, Portia.
Un hombre no podía salir bajo ninguna circunstancia de la escuela, a excepción de los viajes periódicos a la Feria. Sin casamiento, imposible. Si uno se fugaba y era visto, lo esperaba el temido destierro, un destino peor que la muerte: el Basurero, llamado así por estar lleno de maridos descartados por sus esposas, por ser poco satisfactorios. Allí, vivían en la miseria, realizando trabajos pesados y siendo custodiados por la Policía Femenina (PoliFem). Aquel era el dulce hogar del padre de Thea, Dante.
Para su alivio, habían llegado a su casa. Saludó a Portia y la felicitó, antes de bajarse del coche.
-Cuídate, Thea- le dijo, tirándole un beso.

En cuanto entró a la cocina, su madre le informó que Aria la había llamado.
-Qué extraño, la he visto hace un rato, en la Feria..
-Se habrá olvidado de decirte algo. Me ha pedido que la llames mañana, antes de ir a trabajar.
-Lo haré. Gracias.
Charlotte observó a su hija, mientras le servía una taza de café. Thea se sentó en la mesa y se comió un amaretti de manera mecánica. Su madre le alcanzó una taza de cappuccino humeante y se sentó también.
-¿Cómo les ha ido?- le preguntó.
-Muy bien. Ya se compró uno –Thea sonrió al recordar el episodio.
Pasó a describírselo a grandes rasgos. Charlotte asentía cada tanto y arrugaba un poco el entrecejo cuando algo no le parecía del todo bien, como las inclinaciones artísticas del muchacho.
-interesante-dijo cuando terminó-¿Cuántos años has dicho que tenía?
-¿Portia? 20. Es joven para casarse, pero se la ve muy segura de ello.
-No, me refería al muchacho.-la cortó, antes de tomar otro sorbo de café.
-¡Ah! Tiene 18.
Su madre se ahogó y casi escupe lo que tenía en la boca. Tosió bastante, antes de poder articular palabra. Thea corrió en busca de un vaso de agua, pero su madre la detuvo con un gesto. Tenía los ojos vidriosos.
-No, ya está. ¿Cómo que tiene 18? ¡Es apenas un niño!- exclamó indignada.
-Sí, sé que es raro... pero si estaba en exhibición, entonces se podía comprar, ¿o no?
Charlotte chasqueó la lengua con reprobación.
-Ya le había dicho a Joan que la acompañara. Su hija no es lo suficientemente sensata...
-Portia es un poco impulsiva...
-¿Un poco? Es una inconsciente. Y tú no te quedas atrás... Tendrías que haberle dicho algo.- la miró severamente. Es demasiado joven para casarse y, encima, se casa con un niñito, más inmaduro que ella.
-Yo creo que puede resultar.-aventuró tímidamente.
-Oh no, Thea. El hombre tarda en madurar. Lo mejor es comprarlos cuando ya tienen 25 o más.
Thea se limitó a encogerse de hombros.
-¿Cuántos años tenías cuando te casaste?
-28... Una mala inversión, si me lo preguntas.- respondió molesta.
-¿Yo soy una mala inversión?- preguntó su hija, dolida.
-Oh, no, cariño, tú no.- le sonrió con dulzura.- Creo que eres lo único bueno que salió de ese matrimonio.
Thea se quedó un rato pensativa. Se levantó de su asiento y se sirvió más café. Se apoyó en la mesada de la cocina.
-Dime, madre-comenzó, haciéndose la desinteresada.
-¿Sí?
-¿Tengo hermanos?- preguntó, sin apartar la vista de su taza.
Charlotte la observó un instante antes de responder. Inhaló profundamente, temiendo la reacción que seguro vería a continuación.
-Dos- le respondió con aire culpable.

sábado, 5 de febrero de 2011

Cap 1: Un Marido para Portia VII

La miró con intensidad. Thea le había parecido bella, pero demasiado madura para él. No había mucha diferencia de edad, suponía, pero los separaba un abismo. En cambio, aquella diosa de rostro inocente le había resultado deliciosa, como salida de un cuadro antiguo. Sus bucles dorados le enmarcaban el rostro de tez inmaculadamente blanca. Tenía los ojos azules más bellos que había visto en su vida (tampoco había visto muchos, pero había fotos y pinturas para compararla). Deseó con todas sus fuerzas que fuera soltera y tuviera dinero... Y, por supuesto, que lo eligiera a él.

Thea observó el deseo innegable en los ojos del muchacho y luego, para su sorpresa, vio lo mismo en los de su amiga.

-Madre, ¿me acompañas a comprar un refresco? Hace mucho calor aquí dentro.

Aria, sonriendo sin poder contenerse, le hizo señas a Antonio para que se les uniera. Los tres se alejaron como si nada, dándoles espacio.

-Gracias, hija-le dijo, al cabo de un rato, Antonio.

-No hay por qué.-respondió, restándole importancia.- Tengo el presentimiento de que harían buena pareja.

-Sí, espero que tu amiga piense lo mismo-dijo Aria, esperanzada.

-Le gustará, tienen un hijo encantador.

Se quedaron en la Feria un rato más. Aria y su esposo se fueron en cuanto Portia anunció su inminente matrimonio con su hijo. Se despidieron de él de lejos, apenas con un gesto leve. Sus miradas, sin embargo, estuvieron cargadas de palabras.

-¿Quiénes eran?- le preguntó Portia un minuto después.

-Tus suegros-respondió Thea, como si nada.

-No puede ser...-rió, sin saber muy bien como sentirse.-Es imposible.

No había que reflexionar demasiado para saber que aquella era una situación especial.

-Pues, sí, eran ellos.

Thea iba a decir algo cuando sonó su celular. Era su madre.

-De acuerdo, voy para allá.-contestó y colgó.-Debo volver... Me toca cocinar.

Se dirigieron a la salida, caminando sin prisa, pero sin pausa. Observaban por última vez a los hombres en exhibición. Casi llegando a la salida, uno llamó la atención de Thea. Su rostro le resultó demasiado familiar. Tanto que le dio miedo, le bajó la presión y se sintió algo mareada. Lo miró fijo a la distancia, sin saber qué hacer. Hasta ese momento, jamás se le hubiera cruzado por la cabeza que esas cosas pasaran. O quizás estaba demasiado obsesionada y conectaba cosas que en realidad no tenían nada que ver entre sí. Juntó coraje y se dirigió hacia aquel stand.

-Espérame aquí- le pidió a Portia, con una voz firme que se contradecía con la debilidad que sentía en sus piernas.

-¿Qué te sucede...-le empezó a decir, mientras la veía alejarse.

Portia creyó prudente quedarse en el molde y observar la situación de lejos.

Thea sabpia que su madre la aguardaba impaciente en su casa, pero debía verlo de cerca. Se plantó frente a aquel hombre de 23 años, de cabello castaño oscuro y ojos color miel. Le llevaba más de una cabeza, y eso que ella llevaba botas de taco alto.

-Hola- lo saludó, nerviosa, sin tener mucha idea sobre qué decir o hacer.

-Buenas noches, señorita- la saludó con estudiada galantería.

-¿Cómo te llamas?- le preguntó ansiosa.

-Stephen- le respondió, divertido con la actitud que tenía ella.

-¿Ya te ha comprado alguien?

-No, aún estoy disponible, si le interesa. ¿Le alcanzo la cartilla?

Le guiñó el ojo. Ella dejó traslucir un poco del alivio que sentía. Ése era definitivamente, ¡y estaba soltero!

-El tiempo dirá-le sonrió ampliamente y se alejó de él.


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Con esto termino ya el primer capítulo... Espero que les haya gustado :D


Les pido mil disculpas!!! Entre el trabajo que consegui recientemente y un viaje que estuve organizando se me complicaron los tiempos... Pero pormeto no abandonar! Auqneu sea un poquito iré subiendo, al menos una vez por semana :)



Les mando un abrazo