lunes, 30 de abril de 2012

Cap. 3: Información útil III


Se dio vuelta automáticamente, para encontrarse cara  a cara con su jefa. Thea comenzó a tartamudear una disculpa, pero Aria la detuvo con un gesto. Le sonrió con aire confidente.
-No hace falta que expliques nada, pequeña.-la tranquilizó.-te entiendo perfectamente.
-Yo sólo…
-Está prohibido revisar los archivos de los solteros.-le informó en un tono represivo, a todas luces falso.
-Lo siento- se disculpó con el rostro ruborizado por la vergüenza.
-También está prohibido hacer contacto con tus hijos varones, una vez que han entrado en la Escuela….-le guiñó el ojo.-De modo que yo no he visto nada…
-Y yo tampoco- sonrió Thea.
-Ten cuidado.- se puso seria- Conmigo no hay problema, pues me parece una prohibición absurda. Después de todo, trabajas aquí. En fin, que nadie más te vea, o tendré que despedirte.
-De acuerdo.- asintió.
-Ahora déjame ver- le pidió, mientras observaba la pantalla.-Interesante. Diógenes… Un momento…
Se separó bruscamente de Thea y fue a su oficina. Volvió con su agenda en una mano. Sacó un papel con un número garabateado. Lo comparó con el del hermano de Thea.
-Permíteme felicitarte, Thea- dijo, estrechándole la mano.- Tu hermano tiene potencial.
-Gracias
-¿Sabes quién es el dr. Rider?
-¿El que llamó hace un rato?
-Sí, sí…pero, ¿tienes idea de quién es?
-Dijo que era el jefe del Pabellón Azul. ¿Qué es eso?
Aria se sentó en una silla al lado de la joven.
-Verás, allí van los hombres libres de la ciudad. Al menos más libres que otros… Tampoco es que son LIBRES como una mujer.
-¿Libres? Pensé que no era posible.- dijo con sorpresa.
-Sí, es posible. Ellos son prodigios, unos verdaderos genios. Digamos que se ganaron esa pequeña libertad.
-Thea asintió en silencio.
-Como sabrás, a los hombres se les enseña la mitad de lo que se le enseña a una mujer, académicamente hablando. Existen algunos casos (más de los que las mujeres creen) en los que ese conocimiento no les alcanza. Tienen hambre de conocimiento, como les sucede a las mujeres que van a la universidad. El Comité de Control de la Escuela ha llegado a la sensata conclusión de que sería una tontería condenar a esos genios en potencia a lavar platos y limpiar baños, en lugar de explotar sus capacidades.
-Me parece lógico
-Por eso, crearon el Pabellón Azul, que es algo así como una pseudo universidad.
-¿Y puede entrar cualquiera?
-Si fuera así de sencillo, habría más hombres sueltos, ¿no crees?-rió Aria.-No entra cualquiera, sino aquellos que alcanzan más del 95% en alguna materia.
-O sea que mi hermano…- se esperanzó Thea.
-No lo sé. Elliot me ha dado la lista y tu hermano está allí. Diógenes es un aspirante por ahora. Debe aprobar el examen de ingreso. Ten fe. Viendo esta ficha, supongo que tendrá éxito.
Thea suspiró aliviada.
-Los hombres del Pabellón Azul son afortunados.
Thea se levantó para preparar café.
-¡Sólo por poder estudiar?
-No, eso es una ventaja menor… Lo que más les importa es que, si lo desean, pueden vivir independientemente de una mujer. Si no quieren, no se casan. Son casi libres. Tienen un día para salir de la Escuela a la semana, con escolta femenina.
-El precio de la libertad masculina es alto. Luego de aprobar el examen, deben estudiar y aprobar todas las materias en el primer intento. Si les va mal, regresan con los demás. Le sucede a la mayoría… Son muy exigentes. Sin embargo, si pasan la prueba, los emplean en algún laboratorio, o en algún lugar por el estilo. Trabajan más horas que las mujeres, y les pagan menos.
-Pero son “casi libres”.-acotó Tha.
-Así es… Peor es nada.-Aria tomó un sorbo de su café, meditabunda.- Creo que, en el futuro, será diferente. Tengo la esperanza de que las cosas vuelvan a ser como antes…

sábado, 28 de abril de 2012

Cap. 3: Información Útil II

-¿Disculpe?- balbuceó.
-Soy el Dr. Elliot Rider, jefe del Pabellón Azul. ¿Podría comunicarme con la Directora Campbell?- repitió con voz serena.
-Aguarde un momento, por favor.- logró decir.
A medida que pasaban los minutos, la carcomía la curiosidad. Siempre le habían dicho que los hombres no accedían a estudios avanzados. Un doctor, nada menos. Había escuchado bien. Meditó sobre el tema. No tenía nada de malo que un hombre estudiara en una universidad. No había pensado en ello nunca... En realidad, no había surgido nada que desviara sus cavilaciones por aquel rumbo.
-¿Y, a mí, qué?- se preguntó a sí misma.
Tenía otras cosas en las que pensar. Sus hermanos, por ejemplo. No había ningún Orpheo, ni Diógenes en la lista de ventas. Tecleó el nombre del primero en el buscador. Descubrió que ya había sido vendido el año anterior. Al parecer, seguía casado. Thea rogó que le estuviera yendo bien con su matrimonio. Por suerte, su esposa le llevaba apenas diez años. Su nombre no le sonaba para nada, así que descartó la idea de ir a visitarlo.
Pasó a Diógenes, que aún era parte de la Escuela. Para alegría de Thea, su ficha estaba aún en el archivo. Antes de empezar a leerla, se puso a ver el puñado de fotos que había. Los mismos ojos verdes y el mismo cabello castaño. De hecho, a Thea se le ocurrió que, de haber nacido varón, sería exactamente así. Frunció el ceño al pensarlo. Pasó a la ficha con los datos:
DIÓGENES STERLING      N°2057-004-743189

EDAD: 21 años
ALTURA: 1,78 m   PESO: 80 Kg
OJOS: verde musgo
CABELLO: castaño rojizo, ondulado


INFORMACIÓN RELEVANTE:
ENFERMEDADES CONGÉNITAS: No
APTO PARA ENGENDRAR NIÑOS: Sí

-No puede ser- susurró Thea, con los ojos como platos.
21 años, como ella. Rió incrédula. La única explicación era que fueran gemelos. Su madre le había mentido. Se tomó unos minutos para calmarse y apartar la incógnita por el momento. Retomó la lectura.

APTITUDES FÍSICAS

RESISTENCIA: 71/100
VELOCIDAD: 68/100
FUERZA: 75/100
REFLEJOS: 70/100
DEPORTES DESTACADOS: Ninguno


-Bastante mediocre- pensó- Como yo.
Sonrió con ternura.

APTITUDES ACADÉMICAS

CULTURA GENERAL: 97/100 *
LÓGICA: 100/100 *
MATEMÁTICA: 100/100 *
BIOLOGÍA: 89/100
QUÍMICA: 100/100*
FÍSICA: 100/100*
HISTORIA: 95/100 *
GEOGRAFÍA: 100/100 *
ORATORIA: 100/100 *

* Supera las expectativas

APTO PARA EXAMEN: SI
ESTADO: Pendiente de Aprobación del Comité



Ahora sí que estaba sorprendida. Sin duda, su hermano era brillante. El pecho se le hinchó de orgullo. Quizás, él también podría acceder a un título universitario. Continuó su lectura.

APTITUDES DOMÉSTICAS

COCINA: 85/100
LIMPIEZA E HIGIENE: 100/100
MANTENIMIENTO EN GENERAL: 72/100
MECÁNICA: 70/100
CUIDADO DE NIÑOS: 56/100 (A Thea se le escapó una risita la llegar aquí)
CARISMA Y PROTOCOLO: 95/100
GESTIÓN DE ECONOMÍA DOMESTICA: 98/100

PRECIO SUGERIDO: $35.450


-Serías un buen esposo- opinó- Pero no puedo comprarte.
Aunque, en verdad, estaría dispuesta a renunciar a tener un hombre a su lado, con tal de salvar a su hermano de las garras de una zorra acaudalada. Sería bizarro, de todos modos, casarse con su hermano. Se preguntó si alguna vez habría sucedido.
-Vaya, son como dos gotas de agua.
La voz de Aria le heló la sangre. Sonaba peligrosamente cerca.

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Para vos, Bahia, que me amenazas a mi y a mi futuro marido si no sigo escribiendo...
Te quiero! xD

martes, 17 de abril de 2012

Cap. 3: Información Útil

Thea estaba ansiosa por comenzar a trabajar en la Escuela de Hombres. La perspectiva del enorme papeleo del que se le había hecho responsable no le entusiasmaba demasiado, pero el solo hecho de trabajar en aquel lugar enigmático, sí. No sabía gran cosa del sexo opuesto, ya que no se tocaba el tema en ningún lado. Su madre los odiaba, Aria los compadecía, Joan-la madre de Portia- los adoraba... Pero frente a ella no se hablaba de ellos más que superficialmente.
Tampoco era normal que una joven de la edad de Thea se interesara en la cuestión, a menos que quisiera casarse en un futuro inmediato. Así y todo, era atípico que meditara demasiado sobre el tema. El sexo dominante había sido moldeado para no preocuparse demasiado de ellos.
Aquella mañana, Thea fue a trabajar de muy buen humor. Saludó a las recepcionistas con una sonrisa y se presentó como era debido. Fue recibida con idéntica cordialidad.
Ya en su escritorio, tomó los papeles que estaban en lo alto de la pila que estaba al lado del monitor. Eran las listas de los ingresantes de ese mes. Eran alrededor de 50 niños. Chequeó que no faltara ninguno en el sistema. Luego, revisó qué cuartos quedaban disponibles y le asignó a cada uno el suyo. No le llevó mucho tiempo.
Lo siguiente era más complicado: revisar quiénes habían sido vendidos. Esto le llevó una buena parte del día, ya que el teléfono sonaba constantemente. A las dos horas, Thea sentía que iba a enloquecer si escuchaba el bendito aparato una vez más.
La hora del almuerzo le cayó como una bendición del cielo. Se aseguró de que estuviera todo en orden y se fue.

Faltaba poco para la hora de salida y a Thea aún le quedaba mucho por hacer. Justo cuando miraba la pila de pendientes con cara de derrota, Aria salió de su oficina. Le puso la mano en el hombro y la muchacha levantó la vista.
-No hace falta que liquides eso hoy.-la tranquilizó- Tómatelo con calma.
Thea asintió, agradecida. Inhaló profundamente y fue a servirse un café.
-¿Fumas?- le preguntó Aria.
-No
-Menos mal-dijo, prendiendo un cigarrillo-Con todos los nervios de un trabajo como el tuyo, si fumaras, no llegarías a mi edad.
Thea alzó una ceja, escéptica.
-Tú fumas, y sigues aquí.
-Sólo de vez en cuando-Aria le guiñó el ojo.-Tengo otros métodos para liberar tensiones.
Soltó una risilla que Thea no terminó de entender, pero le sonrió de todas formas.
-No será tan terrible cuando te acostumbres-le aseguró- Sólo tienes que organizarte bien. Hasta mañana.
-Adiós.

Recién tres días después, Thea tuvo un respiro. Fue fácil comprobar que ninguno de sus hermanos había sido vendido ese mes. Se permitió un poco de esperanza. Lo difícil fue saber si el hombre que ocupaba frecuentemente sus pensamientos había sido adquirido por alguna dama acaudalada. ¿No podía tener un nombre más raro? Como el hijo de Aria, o sus hermanos... Había más de cincuenta hombres llamados Stephen que habían sido vendidos sólo durante el último fin de semana. Los registros de venta no tenían foto. Lo único que distinguía un Stephen de otro era un código de identificación, que era único.
Tecleó el nombre en el buscador del registro de inquilinos. Después de unos segundos, tenía una lista larguísima en pantalla. “Se han encontrado 573 coincidencias con el nombre solicitado” rezaba el cartel que tapaba parte de la lista. Thea se llevó la mano a la frente. Esperaba encontrar muchos, pero TANTOS...
-¿Dónde quedó la originalidad?- se preguntó en voz baja.
No podía revisarlos uno por uno. Las fotos tardaban una eternidad en cargarse.
El teléfono sonó y se distrajo un momento.
-Oficina de la directora Aria Campbell- dijo mecánicamente.
-Hola, habla el Dr. Elliot Rider.
Thea se quedó muda al escuchar aquella profunda voz masculina. ¿Además, había dicho “doctor”?

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Epa! Como un doctor? No era que aca ellos no podian??
Mas informacion en el proximo ;)

jueves, 12 de abril de 2012

Cap. 2: Un trabajo nuevo para Thea VII

Después de cenar, Antonio se fue a dormir, mientras ellas tomaban un café, sentadas en el sofá. La conversación se terminó desviando al tema de los matrimonios.
-Insisto, Thea, les niegan una segunda oportunidad, como si la culpa fuera de ellos... No digo que en algunos casos realmente fuera el hombre el problema, pero la mayoría de las veces...
-Totalmente. Ni siquiera eligen con quién casarse, y hay cada monstruo disfrazado de mujer...-Acotó Thea, recordando a su jefa.-Es terrible.
Terriblemente natural, en realidad. Cuando Thea nació las cosas ya eran así. La fuerza de la costumbre había impedido que ella se cuestionara el sistema establecido. Ni siquiera sintió en su momento que le afectara. Cuando su padre se fue, le habían dicho que había tenido un problema su familia y tenía que trasladarse a otra ciudad. Thea sabía que las cosas no andaban bien entre sus padres, pero ignoraba las causas. Como era pequeña, se tragó la excusa sin cuestionar nada. Extrañaba a su padre, pero no podía hacer nada para remediarlo. Un año después de su partida, Charlotte le había informado de su muerte. Pasado el dolor por la pérdida, la niña siguió con su vida.
Ahora, no obstante, las cosas cambiaban. Thea ya no era una pequeña inocente, sino que cada día descubría más cosas sobre su sociedad. Pensó en sus hermanos. ¿Y si alguno había ido a parar al Basurero?¿y si alguno vivía bajo la tiranía de una cuarentona histérica? Mejor no pensar, era demasiado fuerte.
-Mi dulce.-la llamó Aria.
-¿eh?- se había quedado tan ensimismada que había olvidado dónde estaba.
-¿Puedo pedirte un favor?
-Por supuesto
-Esa chica, Portia, ¿es amiga tuya?
-Mi mejor amiga- respondió, sonriendo.
Adivinó enseguida lo que quería su nueva jefa. Le guiñó el ojo.
-Te mantendré informada.-le aseguró.
La mujer la miró agradecida.
-Tu futuro esposo será un hombre feliz a tu lado- murmuró más para sí, que para que la escuchara Thea.- Te lo aseguro.

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Hasta acá el capítulo dos... Espero que lo hayan disfrutado :)


Pronto más!
Gracias por leer :)

Marce

CAP. 2: Un Trabajo Nuevo para Thea VI

Entre una cosa y la otra, para cuando Thea terminó de acomodarse ya tenía que irse. Llamó a su madre para avisarle que estaba saliendo. Mientras se ponía el abrigo, se le ocurrió una idea. Quiso quedarse después de hora, pero sería extraño. Tendría que esperar al día siguiente.
Revisó su billetera. El cumpleaños de Portia era el viernes y aún no le había comprado nada. Le comentó a Aria y la invitó a acompañarla. Después de todo, eran familia.


-¿Qué hay en la Torre, además de tu oficina?- quiso saber Thea.
Estaban caminando por una calle peatonal muy bonita, llena de tiendas. Había bastante gente, en su gran mayoría mujeres. Los pocos hombres que circulaban, caminaban detrás de su “dueña”, cargando bolsas y paquetes. Ninguno hablaba con su esposa, ni mucho menos con los demás.
-Bueno, allí está todo lo administrativo. Tienes el departamento de contabilidad, el Registro de Inquilinos, recursos humanos, y cosas por el estilo. Y en el cuarto piso hay un salón de conferencias enorme, que se usa de vez en cuando.- le contó.
-¿Y los otros edificios qué son?
-Una es la escuela en sí, los otros son dormitorios.
Thea abrió desmesuradamente los ojos. ¿Cuántos dormirían bajo ese techo? Aria la miró, divertida.
-A la Feria hemos llevado 572 la última semana.-le explicó-Además, hay alrededor de 3500 alumnos, de 8 años en adelante. Si piensas que son muchos, ten en cuenta esto: nuestra ciudad tiene cerca de de doscientos mil habitantes, de los cuales el 75% son mujeres, la mayoría de ellas solteras. Yo creo que son muy pocos.
-Viéndolo así...-asintió.
-Serían muchos más si se deshicieran de esa política matrimonial.- Bajó la voz- Eso del Basurero es inhumano, ¿no crees? Si un hombre es devuelto luego de haber pasado tres días, tres meses o treinta años con una mujer, lo envían allí...-suspiró con indignación.-Piénsalo. Una mujer caprichosa puede ser la perdición de muchos ejemplares buenos. Y a nadie se le ocurre darles una segunda oportunidad...
-Pero no debes ser la única que piensa eso...
-Seguramente, pero hay cosas que no se pueden decir aquí...
Y, transformando totalmente su rostro en uno sonriente, le dijo en voz alta:
- Vamos a casa, Thea, te invito a cenar.
Aria sentía que había dicho demasiado. Si bien había hablado casi en el oído de Thea, no podía evitar sentirse paranoica. El hogar sería un lugar más seguro para expresar sus opiniones. Su acompañante arrugó levemente el ceño, y relajó el rostro enseguida. No hacía falta ser una genia para entender la situación.
-Encantada.- sonrió.-Le avisaré a mi madre, para que no se preocupe.

-¿Primer día, y ya vas a cenar con tu jefa?-rió Charlotte, del otro lado del teléfono.
-Es Aria, mamá... Hacía mucho que no la veía y tu sabes lo conversadoras que se vuelven las mujeres con la edad.-bromeó.
-Está bien, cuídate.
-Adiós.

Cuando llegaron a la casa de Aria y abrieron la puerta, un terriblemente seductor olor a comida les inundó las fosas nasales. Aria le guiñó el ojo a Thea y la invitó a colgar su cartera en el perchero de pie que había en el hall de entrada.
La siguió por el pasillo, pasando por una arcada que comunicaba a un living comedor a oscuras, bastante lujoso, y por tres puertas más. El pasillo se cortaba y seguía en noventa grados hasta la cocina, que tenía la puerta abierta.
Antonio, con el delantal puesto, hacía saltar diversas cosas en un wok, con la destreza de un chef. No las oyó llegar, de tanto bullicio que hacía la campana extractora. Aria se acercó silenciosamente por detrás y lo abrazó por la cintura, apoyando su mentón en el hombro de su esposo.
-Siempre con cosas sencillas...
Él le sonrió, sin despegar los ojos de lo que estaba haciendo.
-¿Cómo te ha ido?- le preguntó.
-Tranquilo, dentro de todo. Tuve una visita muy agradable.
-Ah, ¿sí?- apoyó el wok en un lugar seguro y limpió un poco sus manos en el delantal.
Recién es ese instante reparó en la presencia de Thea, que le sonrió ampliamente.
-¡Pequeña!- la saludó, con la ternura de un abuelo (de los nuestros... porque en esa sociedad, los abuelos apenas veían a sus nietas, y a sus nietos ni los conocían).
-¿Cómo estás, Tonio?
Se dieron un apretón de manos, lo más cerca que podían estar un hombre y una mujer, sin estar casados. Pero, para ellos, el contacto físico no lo era todo. Se abrazaron con la mirada.

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Aprovechen que estoy inspirada! jajaja Ojalá mi racha de inspiración dure bastante...

Gracias por leer!

martes, 10 de abril de 2012

Cap. 2: Un Trabajo nuevo para Thea V

El viaje terminó muy rápido para su gusto. Salió y sintió un poco de vacío por tener que abandonar aquella vista espléndida. Frente a ella tenía ahora un cartel indicativo. Se encontraba en el lateral de un pasillo alfombrado de rojo oscuro. Leyó rápidamente para ubicarse y se puso en marcha.
Fue hacia la derecha y entró en una sala de espera. La habitación tenía algunos sillones de tres cuerpos, tapizados de cuero negro, contra la pared. Detrás de ellos, colgaba un cuadro enorme, una vista aérea del establecimiento. Detrás de un pequeño escritorio situado en un esquina, se sentaba un mujer de mediana edad. Miró a Thea con gesto interrogante, pero amable, detrás de sus lentes de montura ovalada. Había tres puertas.
-Vengo a ver a la Sra. Campbell.
-Su nombre, por favor.
-Galathea Sterling
La mujer consultó la agenda y tomó el teléfono.
-Directora Campbell, la señorita Sterling está aquí.-colgó y le indicó a Thea la puerta del fondo.-saldrá a un pasillo. Siga hasta el final.
-Gracias.
Había dos puertas más. Al lado de la última, un escritorio de roble vacío, con una computadora y un teléfono. Thea intuyó que sería el suyo. Golpeó suavemente la puerta.
-Adelante.- oyó, apagado.
Entró con un poco de timidez, con actitud sumisa. Miró discretamente a su alrededor y vio que estaban solas. Dejó su bolso en una de las sillas. Aria se puso de pie y abrió los brazos Entonces, la chica fue a abrazarla, recibiendo un sonoro beso en la mejilla.
-¿Cómo estás, querida?
-Excelente, Aria.- respondió Thea, radiante.
-Me alegro.- le señaló la silla.
Cuando ambas estuvieron cómodamente instaladas, Aria prosiguió.
-Verás, el trabajo es sencillo, aunque puede resultarte tedioso. Una de tus principales funciones aquí es actualizar la base de datos de nuestros inquilinos. Primero, los días jueves recibirás una lista con todos los nombres de los hombres en exposición para la Feria del fin de semana. Los lunes se te dará la lista de ventas. Deberás registrar las salidas luego de la Feria y corroborar que no nos falte ninguno que no se hubiera vendido. Para hacer el cruce de información, dirígete a la oficina de Contabilidad, que está en el cuarto piso. Si utilizas las escaleras, te aseguro que te ahorrarás el gimnasio, porque todos los días te recorrerás casi todos los pisos llevando y trayendo cosas.-sonrió y tomó aire.
-De acuerdo
-Me odiarás...- rió Aria- Llevamos un promedio de 500 hombres a la Feria.
-Sobreviviré.-respondió Thea, encogiéndose de hombros.- ¿Qué más?
-Llevarás un registro de los niños ingresantes. Tranquila, no debes recibirlos, solo transferir la lista a la base de datos.- Thea volvió a asentir.- Por último, te encargarás de mi agenda y del teléfono. Cualquier duda que tengas, pregúntame. Si no estoy, habla con Ana Discépolo, la recepcionista de este piso. ¿Quedó todo claro?
-Por ahora, sí.
-¿Quieres tomar algo?
-Un café, si no es molestia.
Aria llenó una taza para Thea y otra para ella.
-¿Has tenido problemas con el otro trabajo?
-No, para nada.
-Qué alivio.-Aria se reclinó en su amplio sillón.-Temía que se opusieran. Hemos salteado varias barreras burocráticas para que estés aquí tan pronto. La verdad es que se me estaba complicando mucho sin una secretaria.
-¿Qué sucedió con la anterior?
-No lo sé. De un día para el otro, renunció. No era lo que se dice muy “comunicativa”, así que realmente es un misterio.
Thea se limitó a tomar un sorbo de su café.
-¿Cómo está tu madre?- le preguntó Aria
-Bien, supongo- se le endureció el rostro al recordar la discusión.
-¿Ha pasado algo?
-Una pequeña discusión. Nada grave.
Thea decidió ocultarle el asunto de sus hermanos por el momento. Temía que Aria se arrepintiera de su oferta y le enviara de vuelta a su trabajo anterior o, lo que era peor, que tuviera que buscar uno nuevo.
-No le has contado de Jean-Luc, ¿verdad?-le preguntó con un leve temor en la voz.
-Claro que no.-la tranquilizó.
Se quedaron un rato en silencio, sumida cada una en sus reflexiones. Al cabo de unos minutos, Aria se aclaró la garganta.
-Será mejor que volvamos al trabajo.
-¿Cuál es mi horario?
-De lunes a viernes de las 8:30 a las 18. Tienes una hora y media para almorzar.-respondió mecánicamente.- Ve a instalarte en el escritorio que está afuera.
Thea se encaminó hacia la puerta.
-Otra cosa...- la detuvo Aria. Thea se volvió para observarla- bienvenida
-Gracias.- le sonrió y cerró la puerta tras de sí.

Cap. 2: Un trabajo nuevo para Thea IV

La jornada laboral se le hizo interminable. A eso de las tres de la tarde, se dirigió al despacho de su gerente.
-Me han comunicado que será transferida, señorita Sterling- le informó su jefa.
Tendría unos sesenta y cinco años. Su rostro severo, anguloso, daba miedo cuando algo no le agradaba y, ni hablar, cuando se enfadaba. En aquellos momentos, por suerte para Thea, solo lucía arrugado de amargura. Se había casado seis veces y la mitad de sus ex maridos no le habían durado ni los tres meses de la garantía del Mercado. El último había logrado sobrevivir y aún seguía con ella. Muchas se compadecían del santo mártir, que podía ser su hijo tranquilamente.
-Así es- asintió Thea, conteniendo la enorme sonrisa que quería estallar en su rostro-Me han hecho la oferta esta mañana. Me ha parecido un poco apresurado y por eso no s elo había comentado aún.
Su jefa ignoró lo último y, con la misma emoción que le provocaría cruzarse a un desconocido por la calle, le dijo:
-Le deseo suerte, Sterling.- y al ver que no se movía, agregó secamente- Ya puede retirarse.


-¿Cómo te ha ido?- le preguntó Megan, su compañera de escritorio.
El contraste entre el buitre disecado de hacía un momento y el rostro vital e inocente de su compañera, le provocó una sonrisa. Megan era un par de años mayor que ella, bajita y regordeta. Su cabello rubio ceniza le llegaba apenas a los hombros y enmarcaba uno de los rostros más bondadosos que Thea había visto en su vida. La extrañaría, sin duda.
-Una charla conmovedora...- respondió, enjugándose una lágrima inexistente.
-Seguramente-afirmó Megan, riendo estrepitosamente.
Luego, se detuvo en seco, la miró a su querida amiga y la abrazó con fuerza.
-Te voy a extrañar taaaanto, Theaaa-y hundió su rostro en el hombro de la joven.
The le respondió acariciando su espalda, intentado tranquilizarla, con poco éxito.
-No es para tanto, Meg, vamos a seguir viéndonos... –la separó de sí, para mirarle la cara.
Se sintió bastante mal al ver que lloraba. No pensó que fuera para tanto, pero había olvidado lo sentimental que era aquella mujer.
-No lo sé... quizás te olvides de mí y... y...
-Sabremos hacernos un hueco en la agenda para tomar un café-y le guiñó el ojo.- Quizás uno que prepare el esposo que me compraré con lo que gane en mi nuevo trabajo.
-¡Wow! No pensé que fuera tan bueno...-abrió mucho los ojos, con admiración, y agregó suplicante: - Y, dime, Thea, ¿no podrás encontrar un lugarcito para tu amiga?
Thea sonrió y negó con la cabeza.
-Todavía no empecé, así que no podría decírtelo. Pero si sé de algo, te lo diré.

Esa misma tarde, Thea se dirigió a la famosa Escuela de Hombres, llena de optimismo y ansiedad. Caminó las quince cuadras que la separaban de la estación de subterráneo casi sin notarlo. Flotaba mientras especulaba acerca de lo que haría con el sobrante de sus ingresos.
Llegó a las puertas del muro que rodeaba la Escuela. Era gigantesca: la pared rodeaba un terreno de seis hectáreas. Lo único que se veía desde la calle era una torre de diez pisos, con el emblema de la Escuela. Era bastante elocuente: era un hombre sosteniendo sobre su espalda al mundo, dentro del cual había un monograma de una E y una H. La joven se lo quedó mirando absorta unos minutos, totalmente perdida en sus pensamientos. Tocó el timbre del portero eléctrico. Dio su nombre y una agente de la Polifem le abrió la puerta. Le indicó el camino. Thea la escuchó apenas, distraída con lo que veían sus ojos.
Era imponente. Impresionante. Unos jardines espléndidos, cuidadosamente arreglados, servían de marco a cuatro edificios. Tres de ellos, más anchos que altos, eran tan sólo de cuatro plantas. Formaban una U cuadrada. Exactamente en el centro, estaba la torre. Frente a ella, dos fuentes gemelas manaban agua, desde estatuas de diosas griegas. El acceso al edificio, de estilo moderno, era por medio de amplias puertas de vidrio, que se corrían automáticamente. El logo también estaba grabado en ellas.
Sintiéndose diminuta, Thea aferró la correa de su cartera y caminó hacia la torre con toda la determinación que fue capaz. Las puertas se abrieron a su paso. Detrás de un amplio escritorio de piedra pulida, había tres recepcionistas. Todas tenían un auricular en la oreja y un micrófono fino y negro a la altura de su mejilla, y miraban en cualquier dirección, menos en la que se encontraba Thea. Cuando se acercó a la del centro, se aclaró la garganta. La mujer le hizo una seña de que esperara un segundo. Cortó la comunicación y le preguntó a Thea qué necesitaba.
-Décimo piso, los letreros la guiarán.-le indicó.
-Gracias.-le dijo sonriente.
-El ascensor está por allí.-agregó, señalando su derecha.
Ese edificio realmente la hacía sentir la dueña del mundo. El ascensor iba por fuera del edificio. Tenía paredes acristaladas, para que la gloriosa ocupante de turno observara con orgullo sus dominios. ¡Y qué dominios! Desde lo alto, se veía la totalidad del predio, una isla de cemento rodeada de verde. Pudo divisar el campo de deportes lleno de hormigas azules. Se preguntó si sus hermanos estarían allí también. Sus pensamientos se desviaron fugazmente y “Stephen” se apareció en su mente. Se preguntó si también él estaría allí.

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Si, mis queridas... Volví
Espero que les guste. No prometo nada... pero sepan que mi intención es actualizar más seguido.

Gracias por su paciencia y por no haberme secuestrado


Marce