Thea estaba ansiosa por comenzar a trabajar en la Escuela de Hombres. La perspectiva del enorme papeleo del que se le había hecho responsable no le entusiasmaba demasiado, pero el solo hecho de trabajar en aquel lugar enigmático, sí. No sabía gran cosa del sexo opuesto, ya que no se tocaba el tema en ningún lado. Su madre los odiaba, Aria los compadecía, Joan-la madre de Portia- los adoraba... Pero frente a ella no se hablaba de ellos más que superficialmente.
Tampoco era normal que una joven de la edad de Thea se interesara en la cuestión, a menos que quisiera casarse en un futuro inmediato. Así y todo, era atípico que meditara demasiado sobre el tema. El sexo dominante había sido moldeado para no preocuparse demasiado de ellos.
Aquella mañana, Thea fue a trabajar de muy buen humor. Saludó a las recepcionistas con una sonrisa y se presentó como era debido. Fue recibida con idéntica cordialidad.
Ya en su escritorio, tomó los papeles que estaban en lo alto de la pila que estaba al lado del monitor. Eran las listas de los ingresantes de ese mes. Eran alrededor de 50 niños. Chequeó que no faltara ninguno en el sistema. Luego, revisó qué cuartos quedaban disponibles y le asignó a cada uno el suyo. No le llevó mucho tiempo.
Lo siguiente era más complicado: revisar quiénes habían sido vendidos. Esto le llevó una buena parte del día, ya que el teléfono sonaba constantemente. A las dos horas, Thea sentía que iba a enloquecer si escuchaba el bendito aparato una vez más.
La hora del almuerzo le cayó como una bendición del cielo. Se aseguró de que estuviera todo en orden y se fue.
Faltaba poco para la hora de salida y a Thea aún le quedaba mucho por hacer. Justo cuando miraba la pila de pendientes con cara de derrota, Aria salió de su oficina. Le puso la mano en el hombro y la muchacha levantó la vista.
-No hace falta que liquides eso hoy.-la tranquilizó- Tómatelo con calma.
Thea asintió, agradecida. Inhaló profundamente y fue a servirse un café.
-¿Fumas?- le preguntó Aria.
-No
-Menos mal-dijo, prendiendo un cigarrillo-Con todos los nervios de un trabajo como el tuyo, si fumaras, no llegarías a mi edad.
Thea alzó una ceja, escéptica.
-Tú fumas, y sigues aquí.
-Sólo de vez en cuando-Aria le guiñó el ojo.-Tengo otros métodos para liberar tensiones.
Soltó una risilla que Thea no terminó de entender, pero le sonrió de todas formas.
-No será tan terrible cuando te acostumbres-le aseguró- Sólo tienes que organizarte bien. Hasta mañana.
-Adiós.
Recién tres días después, Thea tuvo un respiro. Fue fácil comprobar que ninguno de sus hermanos había sido vendido ese mes. Se permitió un poco de esperanza. Lo difícil fue saber si el hombre que ocupaba frecuentemente sus pensamientos había sido adquirido por alguna dama acaudalada. ¿No podía tener un nombre más raro? Como el hijo de Aria, o sus hermanos... Había más de cincuenta hombres llamados Stephen que habían sido vendidos sólo durante el último fin de semana. Los registros de venta no tenían foto. Lo único que distinguía un Stephen de otro era un código de identificación, que era único.
Tecleó el nombre en el buscador del registro de inquilinos. Después de unos segundos, tenía una lista larguísima en pantalla. “Se han encontrado 573 coincidencias con el nombre solicitado” rezaba el cartel que tapaba parte de la lista. Thea se llevó la mano a la frente. Esperaba encontrar muchos, pero TANTOS...
-¿Dónde quedó la originalidad?- se preguntó en voz baja.
No podía revisarlos uno por uno. Las fotos tardaban una eternidad en cargarse.
El teléfono sonó y se distrajo un momento.
-Oficina de la directora Aria Campbell- dijo mecánicamente.
-Hola, habla el Dr. Elliot Rider.
Thea se quedó muda al escuchar aquella profunda voz masculina. ¿Además, había dicho “doctor”?
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Epa! Como un doctor? No era que aca ellos no podian??
Mas informacion en el proximo ;)
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