Se dio vuelta automáticamente, para encontrarse cara a cara con su jefa. Thea comenzó a
tartamudear una disculpa, pero Aria la detuvo con un gesto. Le sonrió con aire
confidente.
-No hace falta que expliques nada, pequeña.-la
tranquilizó.-te entiendo perfectamente.
-Yo sólo…
-Está prohibido revisar los archivos de los solteros.-le
informó en un tono represivo, a todas luces falso.
-Lo siento- se disculpó con el rostro ruborizado por la
vergüenza.
-También está prohibido hacer contacto con tus hijos varones,
una vez que han entrado en la Escuela….-le guiñó el ojo.-De modo que yo no he
visto nada…
-Y yo tampoco- sonrió Thea.
-Ten cuidado.- se puso seria- Conmigo no hay problema, pues
me parece una prohibición absurda. Después de todo, trabajas aquí. En fin, que
nadie más te vea, o tendré que despedirte.
-De acuerdo.- asintió.
-Ahora déjame ver- le pidió, mientras observaba la
pantalla.-Interesante. Diógenes… Un momento…
Se separó bruscamente de Thea y fue a su oficina. Volvió con
su agenda en una mano. Sacó un papel con un número garabateado. Lo comparó con
el del hermano de Thea.
-Permíteme felicitarte, Thea- dijo, estrechándole la mano.-
Tu hermano tiene potencial.
-Gracias
-¿Sabes quién es el dr. Rider?
-¿El que llamó hace un rato?
-Sí, sí…pero, ¿tienes idea de quién es?
-Dijo que era el jefe del Pabellón Azul. ¿Qué es eso?
Aria se sentó en una silla al lado de la joven.
-Verás, allí van los hombres libres de la ciudad. Al menos
más libres que otros… Tampoco es que son LIBRES como una mujer.
-¿Libres? Pensé que no era posible.- dijo con sorpresa.
-Sí, es posible. Ellos son prodigios, unos verdaderos
genios. Digamos que se ganaron esa pequeña libertad.
-Thea asintió en silencio.
-Como sabrás, a los hombres se les enseña la mitad de lo que
se le enseña a una mujer, académicamente hablando. Existen algunos casos (más
de los que las mujeres creen) en los que ese conocimiento no les alcanza.
Tienen hambre de conocimiento, como les sucede a las mujeres que van a la
universidad. El Comité de Control de la Escuela ha llegado a la sensata
conclusión de que sería una tontería condenar a esos genios en potencia a lavar
platos y limpiar baños, en lugar de explotar sus capacidades.
-Me parece lógico
-Por eso, crearon el Pabellón Azul, que es algo así como una
pseudo universidad.
-¿Y puede entrar cualquiera?
-Si fuera así de sencillo, habría más hombres sueltos, ¿no
crees?-rió Aria.-No entra cualquiera, sino aquellos que alcanzan más del 95% en
alguna materia.
-O sea que mi hermano…- se esperanzó Thea.
-No lo sé. Elliot me ha dado la lista y tu hermano está
allí. Diógenes es un aspirante por ahora. Debe aprobar el examen de ingreso.
Ten fe. Viendo esta ficha, supongo que tendrá éxito.
Thea suspiró aliviada.
-Los hombres del Pabellón Azul son afortunados.
Thea se levantó para preparar café.
-¡Sólo por poder estudiar?
-No, eso es una ventaja menor… Lo que más les importa es
que, si lo desean, pueden vivir independientemente de una mujer. Si no quieren,
no se casan. Son casi libres. Tienen un día para salir de la Escuela a la semana,
con escolta femenina.
-El precio de la libertad masculina es alto. Luego de
aprobar el examen, deben estudiar y aprobar todas las materias en el primer
intento. Si les va mal, regresan con los demás. Le sucede a la mayoría… Son muy
exigentes. Sin embargo, si pasan la prueba, los emplean en algún laboratorio, o
en algún lugar por el estilo. Trabajan más horas que las mujeres, y les pagan
menos.
-Pero son “casi libres”.-acotó Tha.
-Así es… Peor es nada.-Aria tomó un sorbo de su café,
meditabunda.- Creo que, en el futuro, será diferente. Tengo la esperanza de que
las cosas vuelvan a ser como antes…
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