Entre una cosa y la otra, para cuando Thea terminó de acomodarse ya tenía que irse. Llamó a su madre para avisarle que estaba saliendo. Mientras se ponía el abrigo, se le ocurrió una idea. Quiso quedarse después de hora, pero sería extraño. Tendría que esperar al día siguiente.
Revisó su billetera. El cumpleaños de Portia era el viernes y aún no le había comprado nada. Le comentó a Aria y la invitó a acompañarla. Después de todo, eran familia.
-¿Qué hay en la Torre, además de tu oficina?- quiso saber Thea.
Estaban caminando por una calle peatonal muy bonita, llena de tiendas. Había bastante gente, en su gran mayoría mujeres. Los pocos hombres que circulaban, caminaban detrás de su “dueña”, cargando bolsas y paquetes. Ninguno hablaba con su esposa, ni mucho menos con los demás.
-Bueno, allí está todo lo administrativo. Tienes el departamento de contabilidad, el Registro de Inquilinos, recursos humanos, y cosas por el estilo. Y en el cuarto piso hay un salón de conferencias enorme, que se usa de vez en cuando.- le contó.
-¿Y los otros edificios qué son?
-Una es la escuela en sí, los otros son dormitorios.
Thea abrió desmesuradamente los ojos. ¿Cuántos dormirían bajo ese techo? Aria la miró, divertida.
-A la Feria hemos llevado 572 la última semana.-le explicó-Además, hay alrededor de 3500 alumnos, de 8 años en adelante. Si piensas que son muchos, ten en cuenta esto: nuestra ciudad tiene cerca de de doscientos mil habitantes, de los cuales el 75% son mujeres, la mayoría de ellas solteras. Yo creo que son muy pocos.
-Viéndolo así...-asintió.
-Serían muchos más si se deshicieran de esa política matrimonial.- Bajó la voz- Eso del Basurero es inhumano, ¿no crees? Si un hombre es devuelto luego de haber pasado tres días, tres meses o treinta años con una mujer, lo envían allí...-suspiró con indignación.-Piénsalo. Una mujer caprichosa puede ser la perdición de muchos ejemplares buenos. Y a nadie se le ocurre darles una segunda oportunidad...
-Pero no debes ser la única que piensa eso...
-Seguramente, pero hay cosas que no se pueden decir aquí...
Y, transformando totalmente su rostro en uno sonriente, le dijo en voz alta:
- Vamos a casa, Thea, te invito a cenar.
Aria sentía que había dicho demasiado. Si bien había hablado casi en el oído de Thea, no podía evitar sentirse paranoica. El hogar sería un lugar más seguro para expresar sus opiniones. Su acompañante arrugó levemente el ceño, y relajó el rostro enseguida. No hacía falta ser una genia para entender la situación.
-Encantada.- sonrió.-Le avisaré a mi madre, para que no se preocupe.
-¿Primer día, y ya vas a cenar con tu jefa?-rió Charlotte, del otro lado del teléfono.
-Es Aria, mamá... Hacía mucho que no la veía y tu sabes lo conversadoras que se vuelven las mujeres con la edad.-bromeó.
-Está bien, cuídate.
-Adiós.
Cuando llegaron a la casa de Aria y abrieron la puerta, un terriblemente seductor olor a comida les inundó las fosas nasales. Aria le guiñó el ojo a Thea y la invitó a colgar su cartera en el perchero de pie que había en el hall de entrada.
La siguió por el pasillo, pasando por una arcada que comunicaba a un living comedor a oscuras, bastante lujoso, y por tres puertas más. El pasillo se cortaba y seguía en noventa grados hasta la cocina, que tenía la puerta abierta.
Antonio, con el delantal puesto, hacía saltar diversas cosas en un wok, con la destreza de un chef. No las oyó llegar, de tanto bullicio que hacía la campana extractora. Aria se acercó silenciosamente por detrás y lo abrazó por la cintura, apoyando su mentón en el hombro de su esposo.
-Siempre con cosas sencillas...
Él le sonrió, sin despegar los ojos de lo que estaba haciendo.
-¿Cómo te ha ido?- le preguntó.
-Tranquilo, dentro de todo. Tuve una visita muy agradable.
-Ah, ¿sí?- apoyó el wok en un lugar seguro y limpió un poco sus manos en el delantal.
Recién es ese instante reparó en la presencia de Thea, que le sonrió ampliamente.
-¡Pequeña!- la saludó, con la ternura de un abuelo (de los nuestros... porque en esa sociedad, los abuelos apenas veían a sus nietas, y a sus nietos ni los conocían).
-¿Cómo estás, Tonio?
Se dieron un apretón de manos, lo más cerca que podían estar un hombre y una mujer, sin estar casados. Pero, para ellos, el contacto físico no lo era todo. Se abrazaron con la mirada.
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Aprovechen que estoy inspirada! jajaja Ojalá mi racha de inspiración dure bastante...
Gracias por leer!
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