lunes, 30 de septiembre de 2013

Cap. 5: Una oportunidad para Thea II

-¿Cuándo se sabrán los resultados de los exámenes?-preguntó Thea, con un leve tono impaciente.
-Normalmente, tardan entre diez y quince días-repondió Aria.
La directora colocó sus manos sobre los hombros de su asistente.
-Saldrá bien, ya lo verás.-le aseguró.- Es un chico muy capaz. Se ve que es de familia.
-¿Puedo verlo de nuevo?
-No, pequeña, sería sospechoso. Ten paciencia- le pidió, mientras volvía a su oficina.

La muchacha se movía de un lado a otro de la habitación, ansiosa. Había llegado el Gran Día, y estaba tan nerviosa como estaba él. No sabía qué esperar. Se ordenó a sí misma un poco de calma, se dejó caer en la silla y agarró su taza de café con aire ausente. Últimamente, se estaba alterando por cualquier cosa, algo nada propio de ella. No era de extrañar, ya que estaba descubriendo cada vez más aspectos del sistema que la disgustaban profundamente. No recordaba la última vez que se había cuestionado tanto sobre algo.

-“… mi perro tiene más derechos que esos pobres hombres del Mercado…”- decía una mujer en la radio.
Thea se acercó al aparato para subir el volumen.
-…Realizan todas las tareas del hogar sin recibir un sueldo, ni vacaciones. Muchos de ellos con terriblemente maltratados y tirados a la basura, como mercadería defectuosa. ¿Qué nos pasa, mujeres?-la mujer hablaba con una pasión que conmovió a Thea.
-Dígame, Chiara, ¿se ha casado alguna vez?- le preguntó una mujer, con voz ronca, que sonaba aburrida.
-No, no estoy de acuerdo con las políticas del mercado.- respondió, horrorizada.- El amor no se compra…
-Ja, no sea infantil, señorita Freeman- la cortó otra, con voz chillona.- ¿Quién está hablando de amor? ¿No será que usted no cuenta con los recursos para permitírselo?
Risas generalizadas. A Thea, le dio asco la acotación.
-Mis ingresos no son relevantes en este debate, Tina.-se defendió Chiara.
-Si no se ha casado nunca, no tiene conocimientos que avalen su opinión, ¿no creen? La invito a probar convivir con un hombre, y sabrá de qué le hablo…- se rió la primera.
-Bueno, bueno- dijo la que parecía ser la conductora del programa.- Creo que nos estamos yendo para cualquier lado. Vamos con más música, y volveremos…

Thea deseó haber escuchado el programa desde el comienzo. Se asomó por la puerta entreabierta de la oficina de Aria. La mujer estaba tipeando en la computadora, totalmente absorta. La joven golpeó suavemente la puerta, para llamar su atención. Aria suspiró y se presionó los ojos con los dedos, visiblemente cansada. Esbozó una sonrisa.
-Dime.
-¿Conoces a Chiara Freeman? Acabo de oír parte de un debate en la radio…
-Sí, una mujer brillante. Lástima que no sepa callarse ciertas cosas.-hizo una mueca de disgusto.
-Pero, lo que dijo…
-¿Sobre el matrimonio?-levantó una ceja.
Thea asintió en silencio. De repente, se sentía muy tímida e incómoda.
-La sociedad no está preparada para ese discurso revolucionario, Thea. Es más, me sorprende que aún siga saliendo en los medios. No hace más que humillarse continuamente…
La chica bajó la cabeza, cada vez más mortificada.
-Escúchame, pequeña. Estoy de acuerdo con todo lo que ella dice, ¿sabes? Es sólo que me apena que se exponga de esa manera en cada programa que la convoca. No se da cuenta de que sólo se burlan de ella.
Thea la miró con el ceño fruncido.
- Chiara no es la primera, y ojalá no sea la última en defender los derechos de los hombres… Pero, no es momento aún de declararle la guerra al gobierno. No terminará nada bien.-su mirada se ensombreció y calló uno segundos.- Lo mejor que podemos hacer, por ahora, es alivianarle la existencia a los que podamos, en la privacidad del hogar. Salvo que quieras terminar en un lugar peor que el Basurero.
-¿Existe? – preguntó, escéptica.
-Por supuesto que sí.
Thea se dio la vuelta para volver a su escritorio.
-Thea…  Un consejo.
La hizo pararse en seco. La miró y vio su semblante triste.
-No le menciones a gente como tu madre lo que has escuchado.
Siguió su camino, indignada. No con su jefa, por supuesto, pero sí con el mundo en el que le tocaba vivir.

Tenía que irse. Era imposible que todo el mundo adhiriera a esa corriente de pensamiento. Quería ir a Centauria, para corroborar por sí misma los rumores de un país en el que existía la igualdad. Pero, antes, se compraría un marido. Sola no iría a ningún lado.

lunes, 15 de abril de 2013

Cap. 5: Una oportunidad para Thea

Definitivamente, la suerte le estaba sonriendo. trabajo nuevo, sueldo mucho más alto, un buen clima en casa... Hasta había podido conocer a su hermano. Un marido era lo único que le faltaba, aunque no por mucho más tiempo.
Portia se había ofrecido a prestarle dinero para facilitarle las cosas.
-Tampoco es que esté tan desesperada, Portia- aclaró Thea, riéndose.
-Pero, te lo mereces, Thea-protestó-más de lo se lo merecen esas viejas estiradas...
Jean-Luc estaba sentado con ellas, en silencio. Sabía que era afortunado por haber sido adquirido por Portia. Pocos hombres tenían el privilegio de sentarse a la mesa con las damas y tomarse un café. La mayoría gracias si podía hablar con su esposa y sus hijas. Cuando se detenía a pensarlo, le parecía increíble que pudiera hablar con su bella esposa como si fueran iguales. Ella inclusive le consultaba sobre diversas cuestiones y, en ocasiones, hasta entraba en razón cuando estaba errada.
-Lo pagaré con mi dinero.-insistió Thea.-Tendré que quedarme más tiempo viviendo en casa, pero puedo soportarlo.
No estaba nada mal vivir con su madre. Sin embargo, quería independencia. Sentía que ya había llegado la hora de cortar el cordón. Además, su madre no toleraría la presencia de un hombre en la casa, ni mucho menos soportaría ver a su hija "rebajándose" a su nivel.
-Está bien... pero, ya sabes,-insistió-sólo tienes que pedirlo.
-Estamos en deuda contigo.-acotó su esposo.
Thea sonrió y negó con la cabeza.
-Yo no he hecho nada.-replicó, por centésima vez.
No entendía por qué esos dos la consideraban una especie de hada madrina, cuando solamente se había limitado a hacer un sugerencia. Ni siquiera había colaborado con un centavo en la compra de Jean-Luc.
-Con los planes de pago que se pondrán en marcha el próximo mes, podré comprarme un esposo en un par de meses.
-¡Maravilloso!- aplaudió Portia.
-¿Lo traerás a casa?- preguntó el joven, esperanzado.
Desde su boda, no había visto a ningún hombre, a excepción de su padre. Portia se resistía a salir con él, porque no quería que nadie codiciara a su esposo. Era extremadamente posesiva, como toda niña mimada desde siempre.
-Claro que sí- le respondió Thea, como quien le promete un dulce a un niño.
Luego, le habló de Diógenes, que rendía el examen de ingreso esa semana.
-Si lo sueltan, también lo traeré para que se conozcan.
-Uno del Pabellón... creo que no estoy a la altura...-dijo él.
-Es un chico normal. Si no te digo que está preseleccionado, ni te enterarías...
Portia también se mostraba interesada. Si bien era tremendamente celosa, gustaba de ver el paisaje de vez en cuando.
-¿Cómo se tomó lo del encuentro?- quiso saber ella.
-Fue como si hubiéramos estado juntos toda la vida... Creo que así debería ser siempre...-hizo un pausa, con la mirada perdida.-Dime Jean-Luc.- dijo, volviendo en sí-, ¿a qué edad te separaste de tus padres?
-A los ocho.- contestó enseguida, extrañado con la pregunta.
-¿por qué lo preguntas?- quiso saber Portia.
Su amiga tardó en responder, unos segundos.
-Me pareció extraño... nunca he visto a mis hermanos en casa.
-Hay familias que deciden criarlos por separado. En la Escuela, conocí a varios que ni siquiera habían visto a su madre.- explicó Jean-Luc- Quizás sea porque somos indignos de compartir...
-Pues no lo son.- lo cortó Portia.-Tú no eres indigno.
Por el tono de voz que empleó, Thea supo que no era la primera vez que se tocaba ese tema de conversación. De hecho, le sorprendió ver a la dulce Portia enojada y levantando la voz. Ahora, se parecía más a las mujeres casadas que conocía: mujeres autoritarias. La tensión le resultó insoportable, y su pobre mente estaba en blanco, así que no sabía cómo desviar la conversación hacia lugares más felices. Observó mortificada el cruce de miradas, totalmente desigual. Parecía una bestia acechando a un pobre niñito.
 Agarró su teléfono y se puso de pie.
-Es tarde, debo irme...

viernes, 25 de enero de 2013

Cap. 4: Un regalo, una compensación VII

-Increíble...- contestó fascinado- ¿Me sacarás de aquí?
Le dolió que pusiera tantas esperanzas en ella, que no podía hacer nada.
-Eso sólo depende de ti.- le aclaró.- Debes aprobar ese examen. Si estuviera en mis manos, ya te hubiera sacado de aquí.
-Ah- bajó los hombros, desilusionado.
-Sé que puedes lograrlo.- lo alentó- He visto tus calificaciones. La directora cree que te irá muy bien.
-¿Sí?- arqueó una ceja-¿Desde cuándo le importamos a esa vieja arpía?
Ahora, era Thea la que estaba sorprendida.
-¿La conoces?
-No, pero es lo que todos pensamos.
-Pues, te equivocas. Gracias a ella, yo estoy aquí.
-Lo mismo digo.
-No es su culpa que te trajeran aquí. Esa fue mamá.
-Otra zorra...- sentenció con amargura.
"En eso no estás tan errado..."
-¿Te tratan mal aquí?
-No, de hecho lo pasamos bastante bien..
-¿Entonces?
- No somos libres...-contestó.- Sólo he salido de aquí para ir a exhibirme como un animal de feria. Quizás para ustedes sea normal, pero para nosotros no. Es muy duro estar encerrado, mientras ustedes corretean por los campos, como si nada las atara.
Apretó los puños con fuerza y miró fijamente el piso. Su indignación era similar a la de todos los alumnos de la Escuela.
¡Mujeres! ¿Qué se creen que son?
-Yo no soy una mascota, hermanita.- le dijo con odio.
-Por supuesto que no... Es un tema delicado. Yo también estoy en contra del sistema- le dijo- Pero no podemos hacer nada. No somos nadie.
Diógenes exhaló aire con frustración. Apoyó la frente en sus manos.
-No veo la hora de salir de aquí.
-Lo sé.
Le acarició la espalda, esperando que se tranquilizara. Luego, lo estrechó en un abrazo. Fue algo tan natural y a la vez tan extraño... Ambos se preguntaron qué hubiera pasado si no los hubieran separado...
Pasada la angustia, se pusieron a hablar de sus respectivas vidas. Dos horas después, golpearon suavemente la puerta.
-¿Quién es?- preguntó sin abrir.
-Jeff...
-Pasa.
Él entró y vio a Thea. La habitación estaba en orden y los dos se veían limpios. Le pareció de lo más extraño, con todo el tiempo que les había dado.
-¿Sigue aquí?
-Te presento a mi gemela, Jeff.
-¡Lo sabía!- exclamó, apuntando con un dedo acusador.
Thea garabateó su número de teléfono y su dirección en un papel. Se lo entregó a su hermano.
-Guárdalo. Si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme. Ah...-miró a ambos varones- Yo nunca entré a esta habitación y no soy más que una empleada, ¿comprendido? Sino, vayan planeando lo que harán cuando los envíen al Basurero.
-¿Y qué me dices de ti?- preguntó Diógenes.
-Veré cómo te envío una postal desde la cárcel...

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Ahora si.... Doy por concluido el capítulo 4. Espero que lo hayan disfrutado :)

Saludos!

CAP. 4: Un regalo, una compensación VI

-¿Puedo cerrar la puerta?-preguntó Thea.
Recibió un leve asentimiento por única respuesta.
En cuanto hizo un click, a la chica se le vinieron encima todos los nervios. Mejor dicho, la aplastaron... Su corazón, hacía un segundo tranquilo, se desbocó.  Sintió un poco mareada y se apoyó en la puerta. Diógenes, preocupado, se acercó a ella y la guió hasta la cama, haciéndola sentarse.
-¿Se encuentra bien, señorita...?
-Galathea- respondió sin mirarlo-, Thea para abreviar
-¿Y qué la ha traído hasta aquí.
Ella le entregó la carpeta con todos los papeles y repitió todo lo que le había dicho Rider. Primero, lo primero.
-De acuerdo.-dijo él- Gracias.
Los nervios habían remitido un poco. Sin embargo, ella no sabía cómo abordar el tema que realmente la había llevado hasta allí. Inconscientemente, tomó la mano de su hermano y la apretó suavemente. Él la miró interrogante, con cara de póker(después de todo, quizás si fuera como Caroline y le solicitaría sus servicios). Thea no se atrevía a mirarlo, entonces él le giró el rostro para verle mejor la cara. "Es bastante tímida", pensó, "Podría avanzar yo...". Entonces, su hermana le apartó la mano, dejándolo confundido. "Nunca saben lo que quieren...". Frunció el ceño mentalmente.
-¿Te sientes bien?
"¿Qué diablos te pasa, mujer?". Cuando ella por fin levantó la vista(aunque seguía rehuyendo a su mirada) se dio cuenta de que ella no quería seguir por el lado que él creía. Se veía que estaba abrumada por algo. "Y yo, ¿qué tengo que ver?".
-¿Thea?
-Estoy bien, Diógenes.- le respondió.
Respiró hondo y, por fin, lo miró a los ojos. Sonrió con ternura, mezclada con tristeza, pero así y todo brillaba de felicidad.
-De hecho, estoy feliz de estar aquí... ¿Sabes quién soy?
-¿La secretaria de Rider?- aventuró, rascándose la cabeza. No sabía qué esperaba de él.
-En realidad, no, aunque trabajo aquí.- sonrió ampliamente-  Además, de eso... ¿No notas nada que te llame la atención?
-Eh...
-Para ser tan inteligente, la verdad es que dejas mucho que desear.- le recriminó, juguetona- ¿Algún parecido? ¿No te suena mi cara de algún lado?
-Quizás...- la miró resentido, no le gustaba que se burlaran de él.
-Pues yo te veo cada vez que me miro al espejo- se rió al verle la cara- No estoy loca, Diógenes.
-Pruébamelo...
-Uf... ¿Sabes algo de tu familia?- "A ver si solito te das cuenta, corazón"
Ahora sí que estaba confundido. Familia... ¿Qué era eso? Sólo una relación cosanguínea con tus progenitores y tus hermanos, un puñado de genes en común. ¿A quién le importaban esas cosas?
-Sólo conocí a mi padre y a mi hermano Orpheo, que está aquí(o estaba) pero jamás se preocupó por mí... Mi madre, no lo sé, no la veo desde que era un bebé, así que es imposible que la recuerde.
-De modo que nunca te han hablado de mí- concluyó Thea, la sonrisa ya ausente.- No me extraña... Yo tampoco sabía de la existencia de ustedes, hasta hace un tiempo.
Thea hizo un soberano esfuerzo por controlar la ira que bullía bajo su piel. Su hermano no tenía que ver esa parte de ella.
-Jeff tenía razón...- y él que pensaba que era un Neanderthal sin remedio...-¿Eres mi hermana?
-¡Aleluya!- exclamó ella, elevando las manos al cielo- Has tardado bastante... Me pregunto si no estarán falsificados esos documentos...
- Más respetó, Galathea- la cortó con cara de pocos amigos- me ha costado lo suyo. Esas calificaciones son mías...
-Bueno, bueno...- levantó las manos en señal de rendición - te diré más...
- ¿Qué, también soy tu prometido?- y le tocó a él reírse.
Se sonrojó al recordar lo que había pensado que ella quería de él. Se sentía un maldito pervertido. Además, un incesto, nada menos... Qué horror... Y él ni siquiera hubiera podido imaginarlo.
-Ja ja, no, tonto- dijo, risueña- Eso está prohibido. Soy tu gemela...
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miércoles, 2 de enero de 2013

Cap. 4: Un regalo, una compensación V


Estaba en el tercer piso, dirigiéndose a la habitación 351, cuando un grito salvaje resonó en el pasillo. Lo siguió un rumor de varios pies que se acercaban y un coro de risas masculinas. Se quedó helada, aplastada contra la pared y aferrando la carpeta de su hermano contra el pecho. Por el pasillo, se aproximaban corriendo cuatro hombres vestidos apenas con unos jeans gastados, huyendo de dos más jóvenes. Thea no vio a los últimos,pero aprecio las horas de ejercicio que tenían encima los que estaban frente a ella.
-¡Devuélvanme la ropa!- gritó uno de ellos, con voz chillona.
Los mayores se detuvieron en seco al darse cuenta de que Thea estaba allí.
-Lucas, te juro que... -amenazó el otro de los jovencitos, que seguían ocultos a los ojos de la chica.
El aludido, un morocho alto y ancho como un oso, sostenía la ropa interior y el pantalón del que había gritado. La joven se mordió el labio, para contener la risa que le provocaba el grupo (que tenía una expresión similar) que miraban alternadamente a Thea y a los chicos. Entonces, una mano agarró el brazo de Lucas.
-Mi ropa, ¡ahora!-le exigió.
Y Thea lo vio. Enseguida deseó que la tierra se la tragara allí mismo. ¿Cómo había cometido semejante locura? ¿Es que nadie podría haberle advertido de lo que iba a presenciar? Sintió que se le sonrojaba hasta el pelo.
El chico apenas llevaba una toalla cubriéndolo, que en la violencia de sus movimientos, había caído al piso, exponiéndolo cual Dios lo había traído al mundo. El otro chico había atinado a agarrar la suya, antes de correr la misma suerte. Los cuatro restantes se desternillaban de risa por la broma, que les había salido mejor de lo que esperaban.
Rojo a más no poder, el chico volvió a cubrirse torpemente y le arrebató la ropa a Lucas. Thea aprtó la vista de él y la clavó en el grupo que lo precedía. Compuso una expresión reprobatoria que su madre hubiera aplaudido. Agradeció que ninguno de ellos fuera su hermano.
-A vestirse, ¡ahora!- les ordenó, haciendo un esfuerzo por mirarlos a los ojos, y, dirigiéndose a los demás- Desaparezcan de mi vista o me encargaré de que los envíen al Basurero hoy mismo.
Era imposible que eso sucediera, pero rogó que ellos no lo supieran. Todos volvieron por donde habían venido, atropelladamente. Entonces, con la cabeza más fría, se echó a reír. Portia lloraría cuando se lo contara. Esas expresiones al escuchar la palabra Basurero eran un poema.

No había borrado su sonrisa cuando golpeó la puerta de la habitación que buscaba. Tenía la mirada brillante y el rostro sonrojado. No fue Diógenes quien abrió la puerta, sino uno de los amigos de Lucas.
-Vaya, mira con quién me vengo a encontrar.- dijo ella, con expresión maliciosa.
-Yo, eh... discúlpeme, señorita.... eh- se excusó tartamudeando-Ya me vestí.
Ella le sonrió y le preguntó por su hermano.
Diógenes estaba recostado en su cama, leyendo un viejo libro de física que había rescatado de un polvoriento estante de la biblioteca. Sabía que el examen se acercaba y quería estar preparado. El pase a la libertad... Había puesto todas sus esperanzas en ello.
Le costaba concentrarse esa tarde. Su compañero de cuarto, Jeff, había pasado los últimos cinco minutos contándole lo que le habían hecho a Dimitri y a David, y que una chica muy presuntuosa los amenazó. Mujeres, ¿qué se creían?...
-Estaba muy buena, amigo.- le había dicho, al terminar.

Y ahora, tocaban la puerta. Estaba por soltar un par de improperios, cuando escuchó una voz femenina. Supuso que era de esas empleadas acosadoras, que pretendían usarlos para pasar un rato divertido. Esperó que no fuera la misma de esa mañana. Lo había pasado muy bien, pero no podía dejarse estar con el estudio. ¿Acaso nunca tenían suficiente?
Jeff interrumpió aquella línea de pensamiento.
-Te buscan, amigo.- le informó, dando un paso al costado.
A Diógenes se le cayó el libro al piso, al incorporarse bruscamente. Ésa no era la insaciable Caroline. Tampoco era una de sus amigas. De hecho, no la había visto jamás en su vida. Sin embargo, su rostro le sonaba de algún lado.
-Wow, parecen hermanos- soltó Jeff
-No lo he visto nunca- apuró a decir Thea.
-No la conozco- dijo Diógenes al mismo tiempo.
El chico los miró. Definitivamente, algo allí había. Se sintió fuera de lugar, así que se excusó y se fue.

martes, 1 de enero de 2013

Cap. 4: Un regalo, una compensacion IV


Dos días después, el dr. Elliot llamó al despacho de Aria. No hablaron mucho. Acordaron la fecha para el examen de los aspirantes del Pabellón azul, entre los cuales se hallaba Diógenes. Aria se aseguró de que Thea tuviera la oportunidad de verlo con sus propios ojos antes del examen.
-Galathea- la llamó por el comunicador.-Ven a mi oficina, por favor.
Ella se preguntó qué podía necesitar que precisara verla personalmente. Tocó suavemente la puerta, a pesar de que estaba entreabierta.
-Adelante.
-Elliot me ha pedido que le haga llegar a los estudiantes unos papeles antes del examen. Como no confía en las encargadas del edificio, me pidió que asignara a alguien digna de mi confianza. Hay que conservar la virtud de esos jóvenes... Sobretodo en la etapa que están pasando.
-No te sigo...
-Las hormonas, Thea. Están extremadamente sensibles- dijo enarcando las cejas.- Hay que conservarles sin mancha hasta la Feria.
-Oh, claro- se sonrojó.
-Así que te he elegido a ti.
Así que lo conocería, por fin. No podría estar más feliz.
-¿Cuándo..?
-Cuando tengas tiempo.

Thea puso todo en orden al instante y salió de su oficina rumbo al Pabellón Azul, que se encontraba en la planta baja de uno de los edificios que circundaban la torre.
Se sorprendió al llegar. Era horario de clase, por lo que estaba casi desierto(las aulas se hallaban en los pisos superiores). Un par de hombres vestidos con guardapolvos blancos se cruzaron con ella. Los miró seriamente sin saber qué hacer. ¿debía saludarlos cortésmente, o mirarlos con altanería y seguir su camino? Lo primero iba más con ella.
-Buenas tardes- les dijo con una leve inclinación de cabeza.
Ellos respondieron con una breve reverencia y rostro solemne. Thea paseó la vista por el hall, buscando algún cartel que indicara a dónde tenía que ir exactamente. Como no encontró ninguno y los hombres seguían allí, decidió encararlos nuevamente.
-Podrían indicarme cómo llegar al Pabellón Azul, por favor?
Su tono dulce, su sonrisa y su humildad dejaron perplejos a ambos. No estaban acostumbrados a tal trato viniendo de una mujer. Sintieron simpatía de inmediato.
-Nosotros vamos hacia allá. Con gusto la guiaremos.
El que hablaba era un muchacho rubio de 23 años y ojos azules. Tenía rasgos anglosajones y era un poco más bajo que Thea. El otro era morocho y de ojos oscuros, de rasgos mediterráneos y piel trigueña, un poco más alto que ella. Se colocaron uno a cada lado, como si fueran guardaespaldas. El silencio se le hizo muy incómodo, por lo que trató de romper el hielo.
-¿Ustedes forman parte del Pabellón?
-Sólo somos aspirantes- respondió el rubio, que se llamaba Sean- olvidamos entregar la solicitud y vamos a averiguar si aún estamos a tiempo.
Habló con él hasta que llegaron. Se notaba que era un joven muy sociable. No tardó en olvidarse de las reglas de etiqueta vigentes. El otro, Noah, era más reservado: sólo hablaba cuando se le preguntaba algo y respondía casi exclusivamente con monosílabos. Thea se preguntó si sería tímido o solo muy reservado.
Al llegar a destino, Thea se dio un festín con los ojos. A excepción de la recepcionista cuarentona, que le recordaba a un gato persa, el hall de entrada estaba lleno de presencia masculina. Todos estaban de blanco inmaculado. Thea miró con una ceja levantada a Sean.
-¿Aspirantes a qué, me has dicho?
-A un cargo del laboratorio, ¿qué creías...?- se detuvo en seco al contemplar la expresión reprobatoria de la recepcionista.- Que tenga un buen día, señorita Sterling.
Noah inclinó la cabeza y lo siguió. La muchacha se dirigió lentamente. Hacia el escritorio, intimidada por la mujer que había detrás de él.
-Vengo de parte de la directora.-le informó- Busco al Dr. Rider.
Entonces, la empleada tomó el teléfono, para corroborarlo. En ningún momento se le borró la cara de asco que tenía. La chica entendió por qué ocupaba ese puesto. Ni ella se acercaría a ningún hombre, ni ellos osarían acercarse a ella, más de lo necesario.
-El doctor la recibirá- dijo con voz monocorde- Por aquella puerta.
-Gracias.

Tocó suavemente la puerta. La voz que había escuchado por teléfono se hizo audible desde el otro lado.
-Pase.
En cuanto la vio, se puso de pie, se le acercó y estrechó su mano con la de ella.
-Encantado de conocerla, señorita Sterling.
-El placer es mío, doctor.- respondió educadamente.
Elliot Rider no era el anciano que ella esperaba encontrarse. Apenas rondaba los cuarenta. Más de una mujer lo hubiera comprado, de eso estaba segura. Le llevaba media cabeza a thea, tenía el cabello cortado al ras, ojos grises y rasgos nórdicos. Era más corpulento de lo que esperaba de un erudito y tenía un par de kilos de más acumulados en el abdomen. Su rostro afable tenía algo de paternal que la hizo sentirse cómoda al instante.
-Debes entregar una carpeta a cada uno de los aspirantes. En la lista están los nombres con sus respectivas habitaciones.- le indicó- Todos se alojan en el edificio de enfrente. Hay letreros, de modo que no te perderás.
-De acuerdo.
-Diles que tiene que estar listo dos días antes del examen, que será dentro de quince días.
Ella asintió en silencio.
-Eso es todo.-concluyó, poniéndose de pie y acompañándola hasta la puerta.

Cuando volvió a la recepción, sintió que era sometida a un minucioso examen por parte de, al menos, diez pares de ojos. Con un poco de incomodidad que se cuidó de no mostrar, salió de ese lugar. Su madre se habría sentido defraudada si se enteraba que se había sentido intimidada por el exceso de testosterona del Pabellón.

No tuvo problemas en el otro edificio. Siguió los carteles y fue entregando carpetas. Los chicos la atendían en la puerta, con solemnidad y respeto. La hicieron sentir treinta años más vieja. Dejó a Diógenes hasta el final, para estar más tiempo con él. Aria le había dejado el resto del día libre y quería aprovecharlo al máximo.

Nada la había preparado para el semejante espectáculo que iba a presenciar...

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Feliz cumple, Bahia!
Mas tarde completo el capitulo... espero que les guste!

Cap. 4: Un regalo, una compensación III


Thea se sonrojó y se dio vuelta. Sin que la dueña de casa la viera se mordió el labio y se maldijo a sí misma. Ante su silencio, Portia continuó, implacable.
-Así que ya encontraste el producto que buscabas...
-No...-puso los ojos en blanco y serenó el semblante-He dicho el primer nombre que se me ocurrió. Es más común de lo que crees.
-¿Y cómo has llegado a esa conclusión?- preguntó, arqueando una ceja
-Qué perspicaz estás hoy, Portia. Estoy francamente sorprendida. No te copies de mí-se evadió.- Después de pasar las listas los lunes se te quedan grabados, ¿sabes?
Portia se le quedó mirando. De repente, prorrumpió en carcajadas otra vez.
-¡Oh, ya recuerdo! El de la Feria, ¿verdad? Jajaja. Te ha pegado fuerte...- aventuró.
-¿Qué? No seas tonta, querida amiga...-sonrió- Es sólo un hombre, hay muchos como él.
-No pensé que eras de esas, Thea. Y luego me dices a mí.- la acusó con sonrisa pícara, imperturbable.
Thea resopló. Se había delatado más allá de lo defendible. Por lo general no le pasaban esas cosas. Ella era centrada y madura y... Pero, ¿por qué se seguía riendo así esa niña?

Finalmente, llegó Jean-Luc con el regalo para sus padres. Thea vio que ya era tarde.
-Mejor me voy... mamá se preocupará... Es tan exagerada a veces...
Se despidió de ellos en la puerta, elogiando la cena y prometiendo volver.
Ya de camino, llamó a su madre pero cambió de idea y cortó. Marcó el número de Aria, pero era tarde y sólo saltó el contestador. No dejó ningún mensaje, lo mejor sería hablar en persona.

-Tengo algo para ti, Aria- dijo apenas la vio.
No perdió tiempo en charlas preliminares y fue directo al grano. Mientras se acercaba a su jefa, extrajo con cuidado el regalo de su cartera. Se paró bien derecha y cuadró los hombros.
-Entrega especial del Sr. Danglars- le informó en tono solemne.
-¿Danglars?- preguntó, desenrrollándolo- oh...
Se llevó una mano a la boca, mientras sostenía la hoja con la otra, temblorosa. Los ojos se le llenaron de lágrimas al leer lo que había escrito su hijo. Tomó el pañuelo de papel que le tendía Thea, sonriendo agradecida.
-Pequeña mía, no sabes lo feliz que me ha hecho esto.- dijo al cabo de un momento, y dándole un fuerte abrazo, agregó- Gracias. Cuando necesites algo, no dudes en pedírmelo. Lo que sea.
-Cualquier cosa por ti, Aria. Quieren que vayas a visitarlos.
-Diles que cuando quieran.
-¿Por qué no se lo dices tú misma?- sugirió Thea, anotándole el número en un papel.