Dos días después, el dr. Elliot llamó
al despacho de Aria. No hablaron mucho. Acordaron la fecha para el
examen de los aspirantes del Pabellón azul, entre los cuales se
hallaba Diógenes. Aria se aseguró de que Thea tuviera la
oportunidad de verlo con sus propios ojos antes del examen.
-Galathea- la llamó por el
comunicador.-Ven a mi oficina, por favor.
Ella se preguntó qué podía necesitar
que precisara verla personalmente. Tocó suavemente la puerta, a
pesar de que estaba entreabierta.
-Adelante.
-Elliot me ha pedido que le haga llegar
a los estudiantes unos papeles antes del examen. Como no confía en
las encargadas del edificio, me pidió que asignara a alguien digna
de mi confianza. Hay que conservar la virtud de esos jóvenes...
Sobretodo en la etapa que están pasando.
-No te sigo...
-Las hormonas, Thea. Están
extremadamente sensibles- dijo enarcando las cejas.- Hay que
conservarles sin mancha hasta la Feria.
-Oh, claro- se sonrojó.
-Así que te he elegido a ti.
Así que lo conocería, por fin. No
podría estar más feliz.
-¿Cuándo..?
-Cuando tengas tiempo.
Thea puso todo en orden al instante y
salió de su oficina rumbo al Pabellón Azul, que se encontraba en la
planta baja de uno de los edificios que circundaban la torre.
Se sorprendió al llegar. Era horario
de clase, por lo que estaba casi desierto(las aulas se hallaban en
los pisos superiores). Un par de hombres vestidos con guardapolvos
blancos se cruzaron con ella. Los miró seriamente sin saber qué
hacer. ¿debía saludarlos cortésmente, o mirarlos con altanería y
seguir su camino? Lo primero iba más con ella.
-Buenas tardes- les dijo con una leve
inclinación de cabeza.
Ellos respondieron con una breve
reverencia y rostro solemne. Thea paseó la vista por el hall,
buscando algún cartel que indicara a dónde tenía que ir
exactamente. Como no encontró ninguno y los hombres seguían allí,
decidió encararlos nuevamente.
-Podrían indicarme cómo llegar al
Pabellón Azul, por favor?
Su tono dulce, su sonrisa y su
humildad dejaron perplejos a ambos. No estaban acostumbrados a tal
trato viniendo de una mujer. Sintieron simpatía de inmediato.
-Nosotros vamos hacia allá. Con gusto
la guiaremos.
El que hablaba era un muchacho rubio de
23 años y ojos azules. Tenía rasgos anglosajones y era un poco más
bajo que Thea. El otro era morocho y de ojos oscuros, de rasgos
mediterráneos y piel trigueña, un poco más alto que ella. Se
colocaron uno a cada lado, como si fueran guardaespaldas. El silencio
se le hizo muy incómodo, por lo que trató de romper el hielo.
-¿Ustedes forman parte del Pabellón?
-Sólo somos aspirantes- respondió el
rubio, que se llamaba Sean- olvidamos entregar la solicitud y vamos a
averiguar si aún estamos a tiempo.
Habló con él hasta que llegaron. Se
notaba que era un joven muy sociable. No tardó en olvidarse de las
reglas de etiqueta vigentes. El otro, Noah, era más reservado: sólo
hablaba cuando se le preguntaba algo y respondía casi exclusivamente
con monosílabos. Thea se preguntó si sería tímido o solo muy
reservado.
Al llegar a destino, Thea se dio un
festín con los ojos. A excepción de la recepcionista cuarentona,
que le recordaba a un gato persa, el hall de entrada estaba lleno de
presencia masculina. Todos estaban de blanco inmaculado. Thea miró
con una ceja levantada a Sean.
-¿Aspirantes a qué, me has dicho?
-A un cargo del laboratorio, ¿qué
creías...?- se detuvo en seco al contemplar la expresión
reprobatoria de la recepcionista.- Que tenga un buen día, señorita
Sterling.
Noah inclinó la cabeza y lo siguió.
La muchacha se dirigió lentamente. Hacia el escritorio, intimidada
por la mujer que había detrás de él.
-Vengo de parte de la directora.-le
informó- Busco al Dr. Rider.
Entonces, la empleada tomó el
teléfono, para corroborarlo. En ningún momento se le borró la cara
de asco que tenía. La chica entendió por qué ocupaba ese puesto.
Ni ella se acercaría a ningún hombre, ni ellos osarían acercarse a
ella, más de lo necesario.
-El doctor la recibirá- dijo con voz
monocorde- Por aquella puerta.
-Gracias.
Tocó suavemente la puerta. La voz que
había escuchado por teléfono se hizo audible desde el otro lado.
-Pase.
En cuanto la vio, se puso de pie, se le
acercó y estrechó su mano con la de ella.
-Encantado de conocerla, señorita
Sterling.
-El placer es mío, doctor.- respondió
educadamente.
Elliot Rider no era el anciano que ella
esperaba encontrarse. Apenas rondaba los cuarenta. Más de una mujer
lo hubiera comprado, de eso estaba segura. Le llevaba media cabeza a
thea, tenía el cabello cortado al ras, ojos grises y rasgos
nórdicos. Era más corpulento de lo que esperaba de un erudito y
tenía un par de kilos de más acumulados en el abdomen. Su rostro
afable tenía algo de paternal que la hizo sentirse cómoda al
instante.
-Debes entregar una carpeta a cada uno
de los aspirantes. En la lista están los nombres con sus respectivas
habitaciones.- le indicó- Todos se alojan en el edificio de
enfrente. Hay letreros, de modo que no te perderás.
-De acuerdo.
-Diles que tiene que estar listo dos
días antes del examen, que será dentro de quince días.
Ella asintió en silencio.
-Eso es todo.-concluyó, poniéndose de
pie y acompañándola hasta la puerta.
Cuando volvió a la recepción, sintió
que era sometida a un minucioso examen por parte de, al menos, diez
pares de ojos. Con un poco de incomodidad que se cuidó de no
mostrar, salió de ese lugar. Su madre se habría sentido defraudada
si se enteraba que se había sentido intimidada por el exceso de
testosterona del Pabellón.
No tuvo problemas en el otro edificio.
Siguió los carteles y fue entregando carpetas. Los chicos la
atendían en la puerta, con solemnidad y respeto. La hicieron sentir
treinta años más vieja. Dejó a Diógenes hasta el final, para
estar más tiempo con él. Aria le había dejado el resto del día
libre y quería aprovecharlo al máximo.
Nada la había preparado para el
semejante espectáculo que iba a presenciar...
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Feliz cumple, Bahia!
Mas tarde completo el capitulo... espero que les guste!
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