martes, 1 de enero de 2013

Cap. 4: Un regalo, una compensacion IV


Dos días después, el dr. Elliot llamó al despacho de Aria. No hablaron mucho. Acordaron la fecha para el examen de los aspirantes del Pabellón azul, entre los cuales se hallaba Diógenes. Aria se aseguró de que Thea tuviera la oportunidad de verlo con sus propios ojos antes del examen.
-Galathea- la llamó por el comunicador.-Ven a mi oficina, por favor.
Ella se preguntó qué podía necesitar que precisara verla personalmente. Tocó suavemente la puerta, a pesar de que estaba entreabierta.
-Adelante.
-Elliot me ha pedido que le haga llegar a los estudiantes unos papeles antes del examen. Como no confía en las encargadas del edificio, me pidió que asignara a alguien digna de mi confianza. Hay que conservar la virtud de esos jóvenes... Sobretodo en la etapa que están pasando.
-No te sigo...
-Las hormonas, Thea. Están extremadamente sensibles- dijo enarcando las cejas.- Hay que conservarles sin mancha hasta la Feria.
-Oh, claro- se sonrojó.
-Así que te he elegido a ti.
Así que lo conocería, por fin. No podría estar más feliz.
-¿Cuándo..?
-Cuando tengas tiempo.

Thea puso todo en orden al instante y salió de su oficina rumbo al Pabellón Azul, que se encontraba en la planta baja de uno de los edificios que circundaban la torre.
Se sorprendió al llegar. Era horario de clase, por lo que estaba casi desierto(las aulas se hallaban en los pisos superiores). Un par de hombres vestidos con guardapolvos blancos se cruzaron con ella. Los miró seriamente sin saber qué hacer. ¿debía saludarlos cortésmente, o mirarlos con altanería y seguir su camino? Lo primero iba más con ella.
-Buenas tardes- les dijo con una leve inclinación de cabeza.
Ellos respondieron con una breve reverencia y rostro solemne. Thea paseó la vista por el hall, buscando algún cartel que indicara a dónde tenía que ir exactamente. Como no encontró ninguno y los hombres seguían allí, decidió encararlos nuevamente.
-Podrían indicarme cómo llegar al Pabellón Azul, por favor?
Su tono dulce, su sonrisa y su humildad dejaron perplejos a ambos. No estaban acostumbrados a tal trato viniendo de una mujer. Sintieron simpatía de inmediato.
-Nosotros vamos hacia allá. Con gusto la guiaremos.
El que hablaba era un muchacho rubio de 23 años y ojos azules. Tenía rasgos anglosajones y era un poco más bajo que Thea. El otro era morocho y de ojos oscuros, de rasgos mediterráneos y piel trigueña, un poco más alto que ella. Se colocaron uno a cada lado, como si fueran guardaespaldas. El silencio se le hizo muy incómodo, por lo que trató de romper el hielo.
-¿Ustedes forman parte del Pabellón?
-Sólo somos aspirantes- respondió el rubio, que se llamaba Sean- olvidamos entregar la solicitud y vamos a averiguar si aún estamos a tiempo.
Habló con él hasta que llegaron. Se notaba que era un joven muy sociable. No tardó en olvidarse de las reglas de etiqueta vigentes. El otro, Noah, era más reservado: sólo hablaba cuando se le preguntaba algo y respondía casi exclusivamente con monosílabos. Thea se preguntó si sería tímido o solo muy reservado.
Al llegar a destino, Thea se dio un festín con los ojos. A excepción de la recepcionista cuarentona, que le recordaba a un gato persa, el hall de entrada estaba lleno de presencia masculina. Todos estaban de blanco inmaculado. Thea miró con una ceja levantada a Sean.
-¿Aspirantes a qué, me has dicho?
-A un cargo del laboratorio, ¿qué creías...?- se detuvo en seco al contemplar la expresión reprobatoria de la recepcionista.- Que tenga un buen día, señorita Sterling.
Noah inclinó la cabeza y lo siguió. La muchacha se dirigió lentamente. Hacia el escritorio, intimidada por la mujer que había detrás de él.
-Vengo de parte de la directora.-le informó- Busco al Dr. Rider.
Entonces, la empleada tomó el teléfono, para corroborarlo. En ningún momento se le borró la cara de asco que tenía. La chica entendió por qué ocupaba ese puesto. Ni ella se acercaría a ningún hombre, ni ellos osarían acercarse a ella, más de lo necesario.
-El doctor la recibirá- dijo con voz monocorde- Por aquella puerta.
-Gracias.

Tocó suavemente la puerta. La voz que había escuchado por teléfono se hizo audible desde el otro lado.
-Pase.
En cuanto la vio, se puso de pie, se le acercó y estrechó su mano con la de ella.
-Encantado de conocerla, señorita Sterling.
-El placer es mío, doctor.- respondió educadamente.
Elliot Rider no era el anciano que ella esperaba encontrarse. Apenas rondaba los cuarenta. Más de una mujer lo hubiera comprado, de eso estaba segura. Le llevaba media cabeza a thea, tenía el cabello cortado al ras, ojos grises y rasgos nórdicos. Era más corpulento de lo que esperaba de un erudito y tenía un par de kilos de más acumulados en el abdomen. Su rostro afable tenía algo de paternal que la hizo sentirse cómoda al instante.
-Debes entregar una carpeta a cada uno de los aspirantes. En la lista están los nombres con sus respectivas habitaciones.- le indicó- Todos se alojan en el edificio de enfrente. Hay letreros, de modo que no te perderás.
-De acuerdo.
-Diles que tiene que estar listo dos días antes del examen, que será dentro de quince días.
Ella asintió en silencio.
-Eso es todo.-concluyó, poniéndose de pie y acompañándola hasta la puerta.

Cuando volvió a la recepción, sintió que era sometida a un minucioso examen por parte de, al menos, diez pares de ojos. Con un poco de incomodidad que se cuidó de no mostrar, salió de ese lugar. Su madre se habría sentido defraudada si se enteraba que se había sentido intimidada por el exceso de testosterona del Pabellón.

No tuvo problemas en el otro edificio. Siguió los carteles y fue entregando carpetas. Los chicos la atendían en la puerta, con solemnidad y respeto. La hicieron sentir treinta años más vieja. Dejó a Diógenes hasta el final, para estar más tiempo con él. Aria le había dejado el resto del día libre y quería aprovecharlo al máximo.

Nada la había preparado para el semejante espectáculo que iba a presenciar...

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Feliz cumple, Bahia!
Mas tarde completo el capitulo... espero que les guste!

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