martes, 1 de enero de 2013

Cap. 4: Un regalo, una compensación III


Thea se sonrojó y se dio vuelta. Sin que la dueña de casa la viera se mordió el labio y se maldijo a sí misma. Ante su silencio, Portia continuó, implacable.
-Así que ya encontraste el producto que buscabas...
-No...-puso los ojos en blanco y serenó el semblante-He dicho el primer nombre que se me ocurrió. Es más común de lo que crees.
-¿Y cómo has llegado a esa conclusión?- preguntó, arqueando una ceja
-Qué perspicaz estás hoy, Portia. Estoy francamente sorprendida. No te copies de mí-se evadió.- Después de pasar las listas los lunes se te quedan grabados, ¿sabes?
Portia se le quedó mirando. De repente, prorrumpió en carcajadas otra vez.
-¡Oh, ya recuerdo! El de la Feria, ¿verdad? Jajaja. Te ha pegado fuerte...- aventuró.
-¿Qué? No seas tonta, querida amiga...-sonrió- Es sólo un hombre, hay muchos como él.
-No pensé que eras de esas, Thea. Y luego me dices a mí.- la acusó con sonrisa pícara, imperturbable.
Thea resopló. Se había delatado más allá de lo defendible. Por lo general no le pasaban esas cosas. Ella era centrada y madura y... Pero, ¿por qué se seguía riendo así esa niña?

Finalmente, llegó Jean-Luc con el regalo para sus padres. Thea vio que ya era tarde.
-Mejor me voy... mamá se preocupará... Es tan exagerada a veces...
Se despidió de ellos en la puerta, elogiando la cena y prometiendo volver.
Ya de camino, llamó a su madre pero cambió de idea y cortó. Marcó el número de Aria, pero era tarde y sólo saltó el contestador. No dejó ningún mensaje, lo mejor sería hablar en persona.

-Tengo algo para ti, Aria- dijo apenas la vio.
No perdió tiempo en charlas preliminares y fue directo al grano. Mientras se acercaba a su jefa, extrajo con cuidado el regalo de su cartera. Se paró bien derecha y cuadró los hombros.
-Entrega especial del Sr. Danglars- le informó en tono solemne.
-¿Danglars?- preguntó, desenrrollándolo- oh...
Se llevó una mano a la boca, mientras sostenía la hoja con la otra, temblorosa. Los ojos se le llenaron de lágrimas al leer lo que había escrito su hijo. Tomó el pañuelo de papel que le tendía Thea, sonriendo agradecida.
-Pequeña mía, no sabes lo feliz que me ha hecho esto.- dijo al cabo de un momento, y dándole un fuerte abrazo, agregó- Gracias. Cuando necesites algo, no dudes en pedírmelo. Lo que sea.
-Cualquier cosa por ti, Aria. Quieren que vayas a visitarlos.
-Diles que cuando quieran.
-¿Por qué no se lo dices tú misma?- sugirió Thea, anotándole el número en un papel.
 

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