Thea se sonrojó y se dio vuelta. Sin
que la dueña de casa la viera se mordió el labio y se maldijo a sí
misma. Ante su silencio, Portia continuó, implacable.
-Así que ya encontraste el producto
que buscabas...
-No...-puso los ojos en blanco y serenó
el semblante-He dicho el primer nombre que se me ocurrió. Es más
común de lo que crees.
-¿Y cómo has llegado a esa
conclusión?- preguntó, arqueando una ceja
-Qué perspicaz estás hoy, Portia.
Estoy francamente sorprendida. No te copies de mí-se evadió.-
Después de pasar las listas los lunes se te quedan grabados, ¿sabes?
Portia se le quedó mirando. De
repente, prorrumpió en carcajadas otra vez.
-¡Oh, ya recuerdo! El de la Feria,
¿verdad? Jajaja. Te ha pegado fuerte...- aventuró.
-¿Qué? No seas tonta, querida
amiga...-sonrió- Es sólo un hombre, hay muchos como él.
-No pensé que eras de esas, Thea. Y
luego me dices a mí.- la acusó con sonrisa pícara, imperturbable.
Thea resopló. Se había delatado más
allá de lo defendible. Por lo general no le pasaban esas cosas. Ella
era centrada y madura y... Pero, ¿por qué se seguía riendo así
esa niña?
Finalmente, llegó Jean-Luc con el
regalo para sus padres. Thea vio que ya era tarde.
-Mejor me voy... mamá se preocupará...
Es tan exagerada a veces...
Se despidió de ellos en la puerta,
elogiando la cena y prometiendo volver.
Ya de camino, llamó a su madre pero
cambió de idea y cortó. Marcó el número de Aria, pero era tarde y
sólo saltó el contestador. No dejó ningún mensaje, lo mejor sería
hablar en persona.
-Tengo algo para ti, Aria- dijo apenas
la vio.
No perdió tiempo en charlas
preliminares y fue directo al grano. Mientras se acercaba a su jefa,
extrajo con cuidado el regalo de su cartera. Se paró bien derecha y
cuadró los hombros.
-Entrega especial del Sr. Danglars- le
informó en tono solemne.
-¿Danglars?- preguntó,
desenrrollándolo- oh...
Se llevó una mano a la boca, mientras
sostenía la hoja con la otra, temblorosa. Los ojos se le llenaron de
lágrimas al leer lo que había escrito su hijo. Tomó el pañuelo de
papel que le tendía Thea, sonriendo agradecida.
-Pequeña mía, no sabes lo feliz que
me ha hecho esto.- dijo al cabo de un momento, y dándole un fuerte
abrazo, agregó- Gracias. Cuando necesites algo, no dudes en
pedírmelo. Lo que sea.
-Cualquier cosa por ti, Aria. Quieren
que vayas a visitarlos.
-Diles que cuando quieran.
-¿Por qué no se lo dices tú misma?-
sugirió Thea, anotándole el número en un papel.
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