lunes, 15 de abril de 2013

Cap. 5: Una oportunidad para Thea

Definitivamente, la suerte le estaba sonriendo. trabajo nuevo, sueldo mucho más alto, un buen clima en casa... Hasta había podido conocer a su hermano. Un marido era lo único que le faltaba, aunque no por mucho más tiempo.
Portia se había ofrecido a prestarle dinero para facilitarle las cosas.
-Tampoco es que esté tan desesperada, Portia- aclaró Thea, riéndose.
-Pero, te lo mereces, Thea-protestó-más de lo se lo merecen esas viejas estiradas...
Jean-Luc estaba sentado con ellas, en silencio. Sabía que era afortunado por haber sido adquirido por Portia. Pocos hombres tenían el privilegio de sentarse a la mesa con las damas y tomarse un café. La mayoría gracias si podía hablar con su esposa y sus hijas. Cuando se detenía a pensarlo, le parecía increíble que pudiera hablar con su bella esposa como si fueran iguales. Ella inclusive le consultaba sobre diversas cuestiones y, en ocasiones, hasta entraba en razón cuando estaba errada.
-Lo pagaré con mi dinero.-insistió Thea.-Tendré que quedarme más tiempo viviendo en casa, pero puedo soportarlo.
No estaba nada mal vivir con su madre. Sin embargo, quería independencia. Sentía que ya había llegado la hora de cortar el cordón. Además, su madre no toleraría la presencia de un hombre en la casa, ni mucho menos soportaría ver a su hija "rebajándose" a su nivel.
-Está bien... pero, ya sabes,-insistió-sólo tienes que pedirlo.
-Estamos en deuda contigo.-acotó su esposo.
Thea sonrió y negó con la cabeza.
-Yo no he hecho nada.-replicó, por centésima vez.
No entendía por qué esos dos la consideraban una especie de hada madrina, cuando solamente se había limitado a hacer un sugerencia. Ni siquiera había colaborado con un centavo en la compra de Jean-Luc.
-Con los planes de pago que se pondrán en marcha el próximo mes, podré comprarme un esposo en un par de meses.
-¡Maravilloso!- aplaudió Portia.
-¿Lo traerás a casa?- preguntó el joven, esperanzado.
Desde su boda, no había visto a ningún hombre, a excepción de su padre. Portia se resistía a salir con él, porque no quería que nadie codiciara a su esposo. Era extremadamente posesiva, como toda niña mimada desde siempre.
-Claro que sí- le respondió Thea, como quien le promete un dulce a un niño.
Luego, le habló de Diógenes, que rendía el examen de ingreso esa semana.
-Si lo sueltan, también lo traeré para que se conozcan.
-Uno del Pabellón... creo que no estoy a la altura...-dijo él.
-Es un chico normal. Si no te digo que está preseleccionado, ni te enterarías...
Portia también se mostraba interesada. Si bien era tremendamente celosa, gustaba de ver el paisaje de vez en cuando.
-¿Cómo se tomó lo del encuentro?- quiso saber ella.
-Fue como si hubiéramos estado juntos toda la vida... Creo que así debería ser siempre...-hizo un pausa, con la mirada perdida.-Dime Jean-Luc.- dijo, volviendo en sí-, ¿a qué edad te separaste de tus padres?
-A los ocho.- contestó enseguida, extrañado con la pregunta.
-¿por qué lo preguntas?- quiso saber Portia.
Su amiga tardó en responder, unos segundos.
-Me pareció extraño... nunca he visto a mis hermanos en casa.
-Hay familias que deciden criarlos por separado. En la Escuela, conocí a varios que ni siquiera habían visto a su madre.- explicó Jean-Luc- Quizás sea porque somos indignos de compartir...
-Pues no lo son.- lo cortó Portia.-Tú no eres indigno.
Por el tono de voz que empleó, Thea supo que no era la primera vez que se tocaba ese tema de conversación. De hecho, le sorprendió ver a la dulce Portia enojada y levantando la voz. Ahora, se parecía más a las mujeres casadas que conocía: mujeres autoritarias. La tensión le resultó insoportable, y su pobre mente estaba en blanco, así que no sabía cómo desviar la conversación hacia lugares más felices. Observó mortificada el cruce de miradas, totalmente desigual. Parecía una bestia acechando a un pobre niñito.
 Agarró su teléfono y se puso de pie.
-Es tarde, debo irme...

No hay comentarios:

Publicar un comentario