Había vuelto a su casa como flotando en una nube. Estaba feliz, muy feliz. De temas económicos mejor no pensar, se decía a sí misma. Al menos, por el momento.
No quiso darle detalles a Portia aún, a pesar de que la asedió con preguntas durante todo el viaje de vuelta. Sin embargo, no tuvo demasiados problemas para contraatacar. Bastaba con nombrarle a Jean-Luc y Portia se olvidaba automáticamente del incidente de Thea. Se le iluminaba el rostro y hablaba entre suspiros de ensueño cuando evocaba ese "breve" (como le decía ella, a pesar de haber estado hora y media conversando) encuentro con su futuro esposo.
En cuanto se le pasaba la emoción, no obstante, volvía al ataque:
-Pero, Thea... ¿Ni siquiera me dirás su nombre?-la acusaba- vamos, no seas mala...
Y la miraba suplicante. Aparentemente, Thea no era consciente de la impresión que le había causado a su pobre amiga cuando regresó con ella: una sonámbula que gracias que caminaba y no se llevaba puesto nada. Ella no podía comprender la razón por la que su amiga había palidecido de tal manera, como si hubiera visto un fantasma. ¿Qué le había hecho ese desconocido a su, por lo general, correcta amiga? ¿Qué cara habría puesto, que lo hacía parecer a él tan divertido? Era la primera vez que veía a alguien reírse de ella.
-No hace falta que sepas nada, Portia- le dijo, con una sonrisa cansada.
-¿Por qué estás tan misteriosa? Tú no eres así.-le espetó.
-No hay misterio, son imaginaciones tuyas, querida.
-¿Nada? ¿Entonces, por qué tanta vuelta para...
-Se llama Stephen. ¿Contenta?- dijo, luego de suspirar.
-¿Te ha costado mucho trabajo? –le dijo Portia, sonriendo triunfal.
-No es eso... verás, creía que lo conocía, y me sorprendió. Eso es todo.
No era del todo mentira, pero igual se sintió algo culpable. Aún así, sería una locura contarle lo del sueño.
-está bien... –frunció el ceño- No, espera.
-¿Qué?
-¿Dónde lo habías visto antes? Sabes que es imposible...
-Lo sé, lo sé...-la frenó- Te dije que creía conocerlo y por eso me sorprendió. Pero no, sólo era parecido.
-Si hubiera sido el mismo hombre, lo hubieras denunciado, ¿verdad?
-¡Qué pregunta! Por supuesto que sí, Portia.
Un hombre no podía salir bajo ninguna circunstancia de la escuela, a excepción de los viajes periódicos a la Feria. Sin casamiento, imposible. Si uno se fugaba y era visto, lo esperaba el temido destierro, un destino peor que la muerte: el Basurero, llamado así por estar lleno de maridos descartados por sus esposas, por ser poco satisfactorios. Allí, vivían en la miseria, realizando trabajos pesados y siendo custodiados por la Policía Femenina (PoliFem). Aquel era el dulce hogar del padre de Thea, Dante.
Para su alivio, habían llegado a su casa. Saludó a Portia y la felicitó, antes de bajarse del coche.
-Cuídate, Thea- le dijo, tirándole un beso.
En cuanto entró a la cocina, su madre le informó que Aria la había llamado.
-Qué extraño, la he visto hace un rato, en la Feria..
-Se habrá olvidado de decirte algo. Me ha pedido que la llames mañana, antes de ir a trabajar.
-Lo haré. Gracias.
Charlotte observó a su hija, mientras le servía una taza de café. Thea se sentó en la mesa y se comió un amaretti de manera mecánica. Su madre le alcanzó una taza de cappuccino humeante y se sentó también.
-¿Cómo les ha ido?- le preguntó.
-Muy bien. Ya se compró uno –Thea sonrió al recordar el episodio.
Pasó a describírselo a grandes rasgos. Charlotte asentía cada tanto y arrugaba un poco el entrecejo cuando algo no le parecía del todo bien, como las inclinaciones artísticas del muchacho.
-interesante-dijo cuando terminó-¿Cuántos años has dicho que tenía?
-¿Portia? 20. Es joven para casarse, pero se la ve muy segura de ello.
-No, me refería al muchacho.-la cortó, antes de tomar otro sorbo de café.
-¡Ah! Tiene 18.
Su madre se ahogó y casi escupe lo que tenía en la boca. Tosió bastante, antes de poder articular palabra. Thea corrió en busca de un vaso de agua, pero su madre la detuvo con un gesto. Tenía los ojos vidriosos.
-No, ya está. ¿Cómo que tiene 18? ¡Es apenas un niño!- exclamó indignada.
-Sí, sé que es raro... pero si estaba en exhibición, entonces se podía comprar, ¿o no?
Charlotte chasqueó la lengua con reprobación.
-Ya le había dicho a Joan que la acompañara. Su hija no es lo suficientemente sensata...
-Portia es un poco impulsiva...
-¿Un poco? Es una inconsciente. Y tú no te quedas atrás... Tendrías que haberle dicho algo.- la miró severamente. Es demasiado joven para casarse y, encima, se casa con un niñito, más inmaduro que ella.
-Yo creo que puede resultar.-aventuró tímidamente.
-Oh no, Thea. El hombre tarda en madurar. Lo mejor es comprarlos cuando ya tienen 25 o más.
Thea se limitó a encogerse de hombros.
-¿Cuántos años tenías cuando te casaste?
-28... Una mala inversión, si me lo preguntas.- respondió molesta.
-¿Yo soy una mala inversión?- preguntó su hija, dolida.
-Oh, no, cariño, tú no.- le sonrió con dulzura.- Creo que eres lo único bueno que salió de ese matrimonio.
Thea se quedó un rato pensativa. Se levantó de su asiento y se sirvió más café. Se apoyó en la mesada de la cocina.
-Dime, madre-comenzó, haciéndose la desinteresada.
-¿Sí?
-¿Tengo hermanos?- preguntó, sin apartar la vista de su taza.
Charlotte la observó un instante antes de responder. Inhaló profundamente, temiendo la reacción que seguro vería a continuación.
-Dos- le respondió con aire culpable.
Aaaahhh!!! Quiero saber cómo sigue!!! Jajajaj
ResponderEliminarEspero ansiosa el próximo post ;)
Yo tmb espero ansiosaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!! jajaja
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