jueves, 9 de diciembre de 2010

Cap 1: Un Marido para Portia III

Al día siguiente, se encontró con Portia en la puerta del predio donde se encontraba el Mercado de Maridos, mejor conocido como la Feria.
-¿Ansiosa?- le preguntó Thea con una sonrisa.
-¡Por supuesto!- le respondió con una sonrisa y un brillo especial en los ojos.
La agarró del brazo y se adentraron en la Feria. El lugar estaba lleno de stands, separados por pasillos. Cada uno, exhibía de tres a cinco hombres de similares características físicas. Había tres pabellones, separados por un parámetro medianamente abarcativo: uno para los de cabello negro o castaño; otro, para los de cabello rubio; otro para los pelirrojos, los que se rapaban y los que tenían algún color atípico(había mujeres que eran extravagantes y era común que se solicitaran hombres con el cabello de colores exóticos, como violeta, azul o verde).
Cada pabellón tenía diferentes stands, que tenía en cuenta el color de ojos y la altura, además del estilo en general de los hombres. No había divisiones étnicas, ya que a las mujeres no les interesaban este tipo de diferencias.
Cada stand contaba con un catálogo, en el cual se enumeraban la edad; las características de sus ocupantes, tanto físicas, como intelectuales y de carácter; un breve resumen de sus intereses (que por lo general se estudiaban para agradar a un target específico); y. por último, pero no menos importante, el precio.
Los precios variaban según la época, ya que, como sucede con la moda en indumentaria, dependiendo de la demanda y las tendencias, un hombre podía pasar de salir más que una mansión, a costar menos que un automóvil, en unos pocos meses. Ese otoño, lo más "top" eran los rubios de ojos oscuros, de mediana estatura y complexión fornida. De modo que aquellos que cumplieran con esas características estaban mucho mejor cotizados que los pelirrojos de ojos azules, que habían hecho furor la temporada anterior.

-¿Tienes alguna idea de lo que quieres, Portia?-preguntó Thea, mientras hacían fila para comprar la entrada.
A pesar de que aún no era hora pico, había bastantes mujeres haciendo fila.
-Que tenga ojos grises... Amo ese color.- se quedó pensativa unos segundos- Mmm, creo que es lo único que pido. Lo demás, me lo dirán mis ojos cuando lo vea.
-No tienes grandes pretensiones, pero no creo que encuentres mucha variedad. Es un color bastante raro.
-En realidad, es sólo un simple parámetro. Ya lo sabré cuando lo vea.- le brillaron los ojos.
-De modo que nos recorreremos toda la Feria, ¿verdad?
-Por supuesto,-dijo, guiñándole el ojo,- Quiero verlos a todos. Sé que luego de casarme no volveré a pisar este lugar y quiero disfrutar del paisaje.
-¿Ni siquiera para acompañarme a mí cuando vaya a comprarme el mío?
-Oh, no, querida amiga, lo siento mucho, pero no-negó, moviendo efusivamente la cabeza.
-¿Por qué?- preguntó Thea, divertida con la reacción de Portia.
-Porque no quiero arrepentirme, claro está.- le respondió, mirándola como si hubiera preguntado si el cielo estaba arriba de sus cabezas o debajo.
-Creí que con verlo ya te decidirías...
-Por supuesto, pero el tiempo nos cambia a todos... No quiero menospreciar a mi marido cuando comience a perder ciertas facultades- hizo un gesto, para que Thea dedujera el resto.
-Está bien-se rió.
-¿Y el tuyo cómo será?- quiso saber Portia.
-Para empezar, tiene que ser más alto que yo.
Su amiga la miró. Sí, era un buen punto. Thea medía un metro setenta y solía usar calzado con taco alto.
-Metro ochenta y cinco, más o menos-aventuró
-Más o menos- sonrió Thea.- Leí por ahí que las nuevas generaciones viene cada vez más altas. Para cuando me lo pueda permitir, seguro que lo consigo fácil.
-¿Qué más?- continuó la más chica, mientras entraban al pabellón de los rubios.
-Bueno... Me gustan los ojos azules, aunque el color miel también me encanta.
-¿Qué tal verdes?
-No lo sé, depende del verde. Si son muy claros, se me hacen demasiado fríos.-aclaró-Y depende del rostro también.
-Obviamente. ¿Y el cabello?
-Negro- y se quedó pensativa.
¿De qué color era el del sueño? Oscuro, aunque era de noche, no podría jurar que fuera negro o castaño oscuro.
-Morocho de ojos claros. Buena combinación. Justo lo contrario a lo que se usa en esta época.
-Pero un esposo se supone que debe durarte más que una temporada. Al menos, yo quiero que en mi caso así sea.
-Yo no lo sé. Espero tener la suerte de encontrar a uno ideal, como el que encontró mamá.-opinó, poniéndose seria dos segundos, para retomar su actitud anterior- Espero encontrar uno bueno de ojos grises.
-Vayamos a ver.
Thea agarró el diagrama y recordó que estaban con los rubios. Portia se encaminó hacia el pabellón de los morochos.
-¿No quieres recorrer este primero?
-No, con eso que dijiste, me dio antojo de morochos-se rió, tomándola del brazo.-Pero si insistes, volveremos después.

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